El otro marco

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Siempre me pregunté porque siendo el sexto hijo de una camada de ocho, heredé el nombre de mi padre. Resulta que mi padre había tenido 5 hijos antes casarse con mi madre y uno de ellos se llamaba Marco, este hermano había padecido unas fuertes convulsiones cuando niño y esto afectó seriamente su cerebro y su parte motriz. Su hermana más cercana, mi madrina y quien se convertiría en mi protectora y guía, influyó para que yo recibiera el nombre de nuestro hermano enfermo.

Hace pocos años mi hermano Marco murió.  Su madre doña María Díaz se dedicó en cuerpo y alma por cerca de 50 años al cuidado de mí hermano. Durante el sepelio, doña María en medio de un dolor profundo y del llanto le preguntaba a Dios porque se había llevado a su hijo tan temprano.  Yo no entendía!!.  Esta señora que para mí fue injustamente castigada (sin ninguna razón y por algún karma) como podía reclamarle a Papa Dios algo que había sido semejante carga por 50 años de su vida, al estar a cargo del cuidado de un ser que a duras penas entendía lo que sucedía alrededor y al cual había que alimentarlo, bañarlo, limpiarlo, cargarlo, vestirlo, cuidarlo y dormirlo todos los santos días.!!

Llegué a mi casa después del sepelio, vi a una de mis hijas y comprendí fácilmente como un padre puede amar y cuidar de un hijo discapacitado por toda la vida, sin considerar ni siquiera por un segundo que esa condena es un castigo.  El amor incondicional es definitivamente lo más bello que puede existir. Siento que los terapeutas deben obligar a los pacientes que se sienten desdichados  – cuando creemos que la vida es mala con nosotros – a cuidar por un tiempo a personas que tienen sufrimientos mayores, ya sea por una enfermedad, una limitación física o mental,  una dependencia o la vejez. El trabajo social y las obras de caridad nos hacen más humanos, más humildes y más agradecidos con la vida.

No hay mejor religión que hacer el bien a los demás.  Cuando nos enseñan desde pequeños cosas simples como  limpiar un parque,  visitar el ancianato y llevar alegría a una cárcel, nos volvemos más sensibles y considerados con los menos favorecidos. Poco a poco un mayor número de empresarios importantes deciden dedicar su vida a la filantropía, otros donan importantes sumas de dinero a fundaciones y ya la responsabilidad social es casi una obligación para muchas empresas en el mundo entero.

Mi colega y buen amigo Manuel Pérez me hizo caer en cuenta de que yo vivía muy pendiente de mis días malos y no agradecía por mis días buenos aunque fueran pocos. Hay gente que no tiene días buenos,  es más hay gente que ni siquiera tiene ningún tipo de días porque ya el destino les arrebató la vida. Mi hermano Marco pudo ser tantas cosas, y aunque pareciera que la vida no fue generosa con él, el fue un ser feliz por el amor incondicional que su madre, doña María le dio todos los santos días. Yo también en mis días malos y buenos me amaré incondicionalmente, construiré algo en nombre de mi hermano porque mi nombre se lo debo a él  y porque sé que el camino a la sanación es el amor.  Ese amor que no espera nada a cambio y que obtiene su recompensa cuando se da y no cuando se recibe.

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