‘Salitre’ deteriora esculturas del maestro Héctor Lombana

Familiares del ESCULTOR Héctor Lombana Piñeres constaron el deterioro que presentan las esculturas que el maestro donó a Santa Marta desde el año 1993. /MONTINER ALVIS.

Su esposa Luz Estela López y sus hijos Héctor Perseo, Héctor Ulises y Héctor Aquiles constataron el pésimo estado que presentan las esculturas que están corroídas y a punto de colapsar.

Un 19 de octubre del año 2008, exactamente hace 10 años, el escultor nacido en Rio Frío (Magdalena) Héctor Lombana Piñeres partió a la eternidad pero su legado cultural y de reconocimiento a las etnias ancestrales de la Sierra Nevada de Santa Marta sigue casi intacto.

Sus esculturas que fueron una donación a Santa Marta desde el año 1993 actualmente engalanan el malecón de la Bahía pero el ‘salitre’, la canícula, la desidia y el paso del tiempo han deteriorado cada una de ellas.

Quizás el menos deteriorado sea el monumento ‘Etnia Tayrona’ que se inauguró en 1993 y se encuentra en la pequeña glorieta de la Avenida Santa Rita (Calle 22) con Avenida del Fundador (Carrera Primera) como un homenaje a los ‘hermanos mayores’ que habitan en el macizo montañoso.

Gran indignación y tristeza causó a su esposa Luz Estela López y a sus hijos Héctor Perseo, Héctor Ulises y Héctor Aquiles constatar el lamentable deterioro que presentan las esculturas que están corroídas, descascaradas y a punto de colapsar.

‘‘Es triste después de 10 años regresar a esta Santa Marta hermosa y ver el abandono en que se encuentra un legado cultural que con tanto amor y esmero esculpió el maestro. Me habían informado del mal estado de las esculturas y me habían enviado algunas fotografías pero lo que he podido constatar es muy grave lo que amerita que se pueda actuar ojalá muy pronto’’, recalcó la señora López.

A su turno Héctor Perseo Lombana, que en 1993 contaba con solo 2 años de edad cuando fue donado el monumento ‘Etnia Tayrona’ a Santa Marta, afirma que es gratificante observar la obra de su padre pero al mismo tiempo resulta triste para él observar el abandono en que se encuentra y las escorrentías que lo rodean.

‘‘De niño recuerdo varias veces que mi padre me traía a Santa Marta pero de la inauguración de esta obra no puedo referirme porque solo tenía 2 años de edad pero mi madre si fue testigo de ese instante. Más de una persona puede corroborar que la obra fue donada por mi padre precisamente para dar otro significado a esta bahía en donde solo estaba Rodrigo de Bastidas y no existía ningún reconocimiento a nuestros ancestros, los aborígenes’’, indicó.

Relató la curiosa anécdota de lo que el taxista que los trajo desde El Rodadero hasta la glorieta de la 22 con 1 le dijo en tono despectivo: ‘‘Los llevo a la escultura de los indios, yo no sé qué le ven de atractivo si están abandonados’’.

Héctor Perseo dijo que esa percepción de un conductor es preocupante en una ciudad que cada día se posiciona mejor como un destino turístico pero también es lamentable que no se conozca quien es el autor de ese monumento porque no hay instalada una placa ilustrativa a pesar de ser diseñada y entrega a Amoblamiento Urbano. ‘‘El  monumento honra a nuestros hermanos mayores porque no se les ha dado el verdadero valor que representan para la humanidad y el planeta’’, enfatizó.

Por su parte Héctor Ulises, de 19 años, recordó las enseñanzas de su padre y su positiva influencia por el amor a las artes. ‘‘A mi padre lo recuerdo como la persona que me inculcó todas mis mayores pasiones, principalmente el arte. Básicamente él fue la chispa de lo que se convirtió en un fuego salvaje y sé que no estaría aquí ni estaría cerca de ser la misma persona sin sus enseñanzas. Mi papá fue el inspirador a todos mis hermanos y desde la fundación Perseo se tiene la intención de aportar a los niños con capacidades diferentes a través de la terapia del arte que sea un estímulo para esas habilidades físicas, psicológicas y mentales’’, anotó el hijo del maestro.

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