Juancho Polo y Alejo Durán

En una conversación casual con Carlos Vives, en un centro social de Bogotá, tuve oportunidad de trasmitirle mi complacencia por el hecho de que se hubiera tramitado una ley para celebrar el centenario del natalicio del “Viejo” Alejo Durán en febrero de 2019, acaso el símbolo más representativo de la escuela tradicional y  autóctona de la música vallenata, como que utilizaba la voz y el tono de los cantos rústicos de los vaqueros de las fincas con los que trabajaba, que después combinó con la voz grave  y ronca que distinguía la de su madre cuando tocaba tamboras en las festividades navideñas.

Alejo Durán, como es conocido, se coronó como el primer Rey Vallenato en 1968 al batirse en franca lid con figuras como Luis Enrique Martínez y Emiliano Zuleta Baquero. Luego participó en el festival “Rey de Reyes” de 1987, en el que tuvo la honestidad de auto-descalificarse y descender de la tarima reconociendo que se había equivocado al ejecutar mal una nota de “Mi pedazo de acordeón”, lección que hace parte de su legado.

Juan Gossaín sostiene que “Alejo no era el mejor acordeonero de su época, que su magia, lo que lo convertía en una leyenda cuando todavía estaba vivo, lo que lo hacía insuperable, era su alma, el cariño que le ponía a la canción. Y a esto hay que agregarle todavía más: su don de gentes, el mensaje que transmitía… hacía de él una persona admirable”.

Pero resulta inexplicable que hace exactamente un mes, el pasado 18 de septiembre, se cumplieron los cien años del natalicio de Juan Manuel Polo Cervantes, más conocido como “Juancho Polo Valencia”; sus amigos lo apodaron “Valencia” por el poeta Guillermo Valencia y la afición que había adquirido en sus años mozos por declamar poesía. Esa fecha pasó sin que los medios de comunicación y, en particular, los directivos del Festival de la Leyenda Vallenata hubieran hecho mención de la efemérides de un exponente tan representativo de la música de acordeón como fue Juancho Polo. O se les pasó desapercibido, lo que sería lamentable, o deliberadamente no contemplaron hacer un evento especial para exaltar su memoria, lo que sería aún más grave.

No se sabe si el olvido del centenario de su nacimiento se debió al desorden de su vida, caracterizada por parrandas eternas y amanecidas en las esquinas, en las que era frecuente encontrarlo en estado de alicoramiento. Si bien  Juancho Polo no fue consagrado como Rey Vallenato y tampoco se destacó como un gran cantante, sí se pudiera decir que su mayor contribución al folclor vallenato fue como compositor de canciones célebres como “Alicia adorada” y “Lucero espiritual”, ente otras, por las que Carlos Vives considera que era un filósofo popular. Nada justifica el olvido en que ha caído el hombre del Cerro de San Antonio. Ojalá se aproveche la celebración  que se le hará a Alejo Durán en el 2019, para hacerle un homenaje merecido a estos dos juglares inmortales.  

*ExDefensor del Pueblo

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