Valores en crisis, crisis de valores

Denuncias muchas vemos diariamente sobre hechos irregulares en los más diversos niveles, algunas falsas, otras manipuladas, pero una grande y creciente proporción, cierta; lo que denota una sociedad en crisis. Y no sólo por circunstancias de orden económico, sino por la realidad social que vivimos, la cual indica, sea cual fuere el método de medición utilizado, una importante franja poblacional viviendo en la pobreza, cuyos guarismos no disminuyen y lejos estará de darse mientras la corrupción galope a campo tendido sobre el lomo inerme de sus ciudadanos.

Pero más que ello, la crisis más importante que acusamos tiene que ver con la ética, con la falta de honradez de muchos servidores públicos, lo que no es justificable bajo ninguna excusa. Falta de probidad que entraña visos de verdad y que son denunciados abiertamente por personas del común, profesionales, periodistas e investigadores entre otros, lo que señala que algo perverso está creciendo en nuestra sociedad, en lo que mucha culpa cabe a las ramas del poder público, partidos y movimientos políticos; y, también hay que decirlo, de la comunidad en general.

Hay una incapacidad manifiesta para ponerse de acuerdo en esto de la lucha contra la corrupción, en lo que surgen desviaciones, abanderados sin autoridad moral para serlo, mentiras, intereses, repetición de la repetidera, llover sobre mojado, pero nada sustancial en síntesis hasta el momento. Se han desviado de lo fundamental, de lo que marca la ley, pues lo demás sobra. Los valores están en crisis y por ende como consecuencia de lo mismo existe una grave y ojalá superable crisis de valores, la que estamos viviendo desafortunadamente, pero gravemente acentuada por la inacción y por la protección de algunos interesados en que tal estado de cosas se prolongue en el tiempo en beneficio de propios y protervos intereses, peor aún, cuando la clase política no reacciona ante los doce millones de votos que obtuvo la consulta anticorrupción, lo cual para propios y extraños fue un campanazo de alerta, cuando una buena proporción de esa votación fueron de personas que lo hicieron por primera vez, sin ningún tipo de estímulos conocidos en las elecciones regulares, lo cual debe servir como ejemplo para nuestra población Departamental, Distrital y Municipal.

No es válido que tengamos una sociedad pagando los excesos de esa crisis de valores, debiéndose en tanto apuntar hacia una nueva sociedad, rediseñarla, volverla a educar, sembrar valores sociales; hacer renacer conductas morales y éticas camino a tener una concepción positiva de la vida, empezar por respetarnos, autoestimarnos, querer y respetar a los demás y al medio ambiente, asumir compromisos sobre que podemos aportar para minimizar las malas y peores acciones, incentivar la convivencia entre los semejantes y no el odio, a la patria y a la familia como célula principal y base de la sociedad, en contexto de amistad, cooperación, equidad, justicia, espiritualidad, confianza y tolerancia, valores todos tomados en cuenta como premisa del trabajo en equipo de las comunidades, manos a la obra.

*Jurista

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