Más que dosis mínima

En los últimos días hemos concentrado toda la atención en el manejo o debate sobre dosis mínima. Muchos sectores de la sociedad han fijado sus puntos de vista, bastante distantes. Pero permítanme llamar la atención sobre el tema, porque la discusión referente al control del narcomenudeo  es apenas una parte del problema.

En columna anterior me refería al apoyo que para la Policía representaba la decisión del Gobierno sobre la suspensión de la dosis mínima pero, además, me permití mencionar los inhalantes, tratando de llamar la atención sobre otros tipos de drogas que se encuentran en las calles y son comercializadas con mayor facilidad que la marihuana o la cocaína, por el gran desconocimiento que existe sobre ellas en la sociedad, especialmente entre los mayores que crecieron sin el peligro que llegar al uso de estas sustancias. Mi intención de motivar a la sociedad para prender las alarmas hacia estos productos  no logró sus fines, pero deseo insistir para evitar un mañana con sorpresas negativas en nuestra juventud.

En la mencionada columna me referí a los inhalantes, identificados como sustancias tóxicas con las que sus consumidores buscan un ‘viaje’ rápido y barato. Llamaba la atención en torno a que estos productos generan efectos anestésicos y se encuentran en artículos del hogar como barniz, gasolina, elementos de limpieza y disolventes, entre otros, que se absorben a través de las vías respiratorias.

Hoy prendo más alertas hacia las metanfetaminas, compuestas por una sustancia química producida en laboratorios ilegales, donde se mezclan diferentes clases de anfetaminas. Su presentación viene en polvo blanco cristalino, de fácil disolución en agua o cualquier otra sustancia, no obstante también se ha encontrado comprimida en forma de píldoras. Esta droga genera en quienes la consumen una fuerte sensación de bienestar o confort, con estallidos permanentes de felicidad, mucha hiperactividad y destellos de energía; de otro lado, la disminución del apetito es evidente, lo que juega en contra del consumidor y facilita su identificación.

Los efectos de las metanfetaminas son de aproximadamente de seis a ocho horas, con la posibilidad de cubrir hasta veinticuatro si el consumo es excesivo. Esta droga tiene demanda en todos los estratos y edades, pero está posicionada como droga de altas instancias sociales, pues se consume en fiestas, clubes, bares y lugares de reunión o rumba. Su nombre varía de acuerdo al círculo donde se comercializa. La llaman “cristina”, “cruz blanca”, “tina”, “met”, “tiza”, “vidrio” y “crack mexicano”, entre otros apelativos.

Como vemos el tema no termina en cocaína y marihuana, su cubrimiento es mayor y el Estado no puede permitir que nuestra juventud permanezca expuesta a estos mercaderes de la droga, que nunca terminan de buscar alternativas para mantener el narcomenudeo. Porque mientras esto sucede, la sociedad y autoridades se desgastan en un debate eminentemente político que dificulta la  defensa de nuestra juventud.

*ExDirector de la Policía Nacional

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