Malecón

Un balance preliminar sobre la secuencia de los recaudos en 2017, publicado por El Tiempo el lunes 28 de agosto, produjo una gran desazón. Se observó que el Gobierno no supo lo que hizo cuando programó su reforma tributaria estructural, porque los cálculos se le salieron de los rieles. Al señor Mauricio Cárdenas su calculadora le arrojó una cifra alta, como para festejar con champán, y a sólo seis meses de ejecución la realidad le mostró otra mucho más baja. La solidez fiscal que le atestaba la boca al pronunciarla se le desmoronó solita.

Cárdenas es un ministro de mantenimiento, una especie de sastre remendón con dificultades para ensartar los hilos en la aguja. Nunca tuvo política económica y no pudo fijarnos una ruta con una visión macro de la situación del país (producción, ingresos, empleo, servicios, tamaño de la deuda, control del gasto, etc.). Aun en el remiendo del déficit se pifió con las costuras: le fracasaron tres reformas tributarias.

Antes del manotazo impositivo final, y no en una sola sino en varias ocasiones, el Ministerio de Hacienda y la DIAN resaltaron los recaudos del IVA como una respuesta inusitada de los colombianos frente al país, cosa anormal donde imperan los evasores. Paja. Fue una engañifa innecesaria. A los pocos meses, ni aquellos recaudos, ni los tres puntos nuevos del IVA (18,6%), alcanzaron para tapar el hueco en una coyuntura dramática, con la economía desacelerada y los industriales que no saben qué hacer con sus ventas estancadas.

Los gremios, que ya parecen agencias del gobierno y no grupos de presión, no se guardaron los reparos contra la sorpresa de que los impuestos se espicharon y no dan para atender las presiones financieras. Se trazó el Gobierno una meta de 6,7% y apenas logró, según ANIF, una babosada del 0,8%. Estamos hablando de una grieta o abismo suficiente para despedir al ministro de Hacienda por ineficaz y falsario.

Este fracaso de la política fiscal del señor Cárdenas ha sido mil veces más destructivo que la cantaleta del Centro Democrático contra el proceso de paz. ¿Qué hacer para financiar los billones de pesos que costará el bendito posconflicto en diez años? Mala herencia para la Administración que se iniciará el 7 de agosto de 2018. Si gana las elecciones “el que diga Uribe”, él y su equipo no necesitarán “hacer trizas el maldito acuerdo” con las Farc. Les bastaría convocar una rueda de prensa y contar el cuento de que el Premio Nobel de Paz de 2016 y su ministro dejaron exhaustas las arcas de la nación.

Perspectiva a corto plazo: alfombra roja para una economía en muletas y con oxígeno permanente, más el postre de los tres billones menos que pagarán (confite que se volvió petardo) las empresas en 2017.

Ya entendemos por qué los partidos de la U y Conservador están a un paso de la desbandada.

*Abogado y escritor