“En la última prueba de supervivencia mi padre se despedía de mi madre”

Luz Ángela Zapata Pérez, Diego Quintero y Jhon Jairo Hoyos son familiares de tres de los 11 diputados del Valle que las Farc secuestró en 2002 y asesinó en 2007.

 

Las víctimas llegaron en la mañana de este viernes a las instalaciones de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), para contarles a los magistrados lo que fue su vida durante el crimen perpetrado por el grupo guerrillero. Las voces se sumaron a las de tres mujeres quienes hicieron el mismo ejercicio ante el tribunal durante esta mañana y a los testimonios de los secuestrados que durante esta semana han contado su versión.

Los magistrados de la JEP escucharon por primera vez a Jhon Jairo Hoyos, hijo del diputado Jairo Javier Hoyos, plagiado junto a sus compañeros el 11 de febrero de 2002 mientras hacían parte de la Asamblea Departamental.

Hoyos contó que el secuestro de su papá fue tortuoso para todos, pues a su juicio no entendía cómo se podía alimentar sabiendo que no contaba con la totalidad de sus dientes. “Tenía una caja dental pero con el pasar del tiempo se fue desgastando”.

En su relato sacó a colación el testimonio que le dio el exdiputado Sigifredo López, único liberado y sobreviviente de esos hechos, quien aseguró que Hoyos era el único que llegaba al final de las caminatas a los que eran obligados a llevar en la espesa selva. Además de ello, López le dijo que su padre se negaba a dejar que los demás le cargaran la maleta. 

Todas estas historias las conoció luego de que López fue liberado un año y medio después del crimen de sus compañeros del hemiciclo. Hoyos, a quien aún se le salen las lagrimas tras recordar cada suceso, recuerda el momento en que el exdiputado fue liberado

“Nos llamaron y nos dijeron que liberaban a Sigifredo, corrimos todos acompañarlo a Patricia y a sus hijos y estábamos de pie cuando llegó el helicóptero y Sigifredo se bajó y sus hijos corrieron a abrazarlo, todos lloramos porque ese era el momento que todos queríamos vivir”, dijo. 

Hoyos dijo que previo a la muerte de su papá, en medio de una prueba de supervivencia, relató un poema. Días más tarde cuando le fue entregado el féretro, en sus honras fúnebres sonó una canción que decía: “No quiero verte llorar, no quiero verte sufrir, no soy capaz ofenderte si sabes que hasta la muerte juré ser sólo de ti. En ese momento comprendí que mi padre en su última prueba de supervivencia se despedía de mi madre”.

Durante su intervención que tardó un poco más de 20 minutos, solicitó al tribunal que el presidente para la época, Álvaro Uribe Vélez, el Ministro de Defensa de ese entonces, Juan Manuel Santos, y la cúpula militar respondan: “¿cuáles fueron las acciones desarrolladas en medio del secuestro?, ¿cuáles fueron las negociaciones? y ¿cuál fue la información que recibieron de dónde estaban los secuestrados?”. 

A la voz de Hoyos se sumó la de Jorge Quintero, hermano del diputado Alberto Quintero, que aseguró que el secuestro era uno de los temores más grandes de su hermano y justo lo encontró a las 10:00 a.m. de ese 11 de febrero, en el centro de Cali mientras estaba trabajando.

Relató que los años de secuestro fueron duros y que pese a todos los ánimos e iniciativas de las familias que se unieron para mantenerse fortalecidos no era suficiente. “Nosotros como familia empezamos a perder la fe con el Estado colombiano inerte y ausente, empezamos a desilusionarnos de todo el abandono al que habíamos sido sometidos”.

En su intervención solicitó a los magistrados de la JEP que se conozca la verdad de lo que sucedió y, como también lo sostuvo el exdireigente nariñense Luis Eladio Pérez, “saber quiénes fueron sus colaboradores, qué comían, cuáles eran los nombres de sus raptores. Que digan la verdad de quiénes son las fuerzas oscuras que hoy en día pueden estar libres, quiénes dentro de la Asamblea pueden ser sus colaboradores”.

Otro de los relatos fue el de Luz Ángela Zapata, sobrina del diputado Édison Pérez quien para ella era  “el futuro de la familia y quien los iba a sacar adelante”, porque, a su juicio, su familia no era humilde, “era pobre”.

Señaló que todas las esperanzas se perdieron a las 3:00 a.m. cuando recibieron la noticia del asesinato de su tío. Dijo que lo único que le mencionó a su abuela fue “abuela lo mataron. Mi abuela se derrumbó y su salud con ella”.

Zapata, a comparación de las otras víctimas, considera que el secuestro de su tío no los ha dejado resurgir. “Mi familia ha retrocedido. Había una casa, ahora no hay nada por culpa de ellos” y agregó que debido al secuestro la situación económica de la familia se fue a pique por lo que fue necesario hipotecar la casa que construyeron sus abuelos.

“Para nosotros no ha pasado el dolor, sigue estando ahí, mi tío era ese polo a tierra”, aseguró tras anunciar que su abuela decidió olvidarse de todo y desde hace un tiempo sufre de demencia senil, lo que la lleva a preguntarse todos los días en la noche “¿a qué hora llega?”. “Ellos nos quitaron lo que más queríamos. A mi abuela le quitaron las ganas de vivir”, concluyó.

 

Colprensa

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