La aventura de migrar                

No es la primera vez que grupos de familias hondureñas tratan de salir de su país en busca de un mejor futuro para las nuevas generaciones. Inclusive caravanas parecidas a las actuales han logrado pasar fronteras y llegar a Norteamérica, donde se han establecido en amplio número. Decenas de personas perdieron la vida en la travesía. Todo indica esta vez que la situación podría ser peor por todas las circunstancias que rodean las marchas, no solo por la gran cantidad de quienes huyen de Honduras, sino por la actitud especialmente hostil del actual gobierno estadounidense.

 Tiene razón, por esto, la Conferencia Episcopal de Honduras al llamar la actual coyuntura una “tragedia humana”, expresión que hace eco de las manifestaciones del papa Francisco al referirse al drama social que afrontan sociedades como la hondureña, donde la violencia y las desigualdades socioeconómicas se convierten en estallidos de desespero como el actual. El gobierno (liderado por Juan Orlando Hernández), los empresarios y la sociedad civil hondureña tienen en este fenómeno una oportunidad de reflexionar acerca de lo que debe hacerse para retener a esta población en el país, y lograr que allí mismo sus sueños se concreten, sin tener que exponer sus vidas en la aventura migratoria.

 Decisiones como las de México de cerrar la frontera y oponerse al avance de la caravana son necesarias para desestimular las migraciones, pero esas son solo soluciones temporales y superficiales ante las profundas causas que originan el fenómeno. Aunque los cientos de migrantes decidan dar marcha atrás, la llama del problema seguirá encendida si no se atacan las causas estructurales. Por eso, es bienvenido que Guatemala y Honduras hayan acordado este sábado cerrar el paso fronterizo de Aguas Calientes, pero hay que hacer mucho más para bajar la tensión en los próximos días. No es solo aplicar remedios represivos, sino avanzar en las soluciones de fondo.

 Hay que buscar un retorno seguro de los migrantes, pero más que eso brindar condiciones para superar gradualmente su tragedia cotidiana de pobreza y desesperanza. En este marco, de poco sirve la actitud del mandatario estadounidense, Donald Trump, de lanzar advertencias belicosas si las caravanas avanzan hacia su país. En vez de amenazar con quitar recursos de cooperación a Centroamérica, lo que debería hacerse es que el gobierno norteamericano se comprometa a brindar nuevos apoyos a Honduras para establecer programas que generen empleo y soluciones económicas para sus habitantes empobrecidos.

 Desde luego que puede haber motivaciones políticas que pretendan sacar partido de la situación y afectar al gobierno hondureño, o tratar de fortalecer liderazgos populistas dañinos. El hecho de que por redes sociales se haya motivado esta masiva caravana y que ahora el electo presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, les dé ilusiones, no contribuye a que Honduras pueda superar esta emergencia y trazar un mejor camino para el futuro de su pueblo. Hay que comprender que una tasa de homicidios de 43 por cada 100 mil habitantes y que el 68% de los 9 millones de habitantes viva en la pobreza es un gran problema que requiere políticas públicas estatales que tengan el apoyo de todo el mundo, no oportunismos.

La realidad que lleva a las personas a tomar la aventura de migrar no es un asunto de última hora; contempla una situación que viene anclada a una deuda social de décadas que tiene que ser enfrentada lo más pronto posible para contener su creciente presión. Discriminar o afirmar que gran cantidad de los migrantes son criminales solo contribuye a alimentar la hoguera, en lugar de apaciguarla, por lo que las labores diplomáticas deben ser cuidadosas, y arrojar resultados positivos en el freno estructural de la tragedia.

*Internacionalista

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