Necesidad de un consenso político

Actuar consensualmente, refiere David Held, puede identificarse  por ausencia de posibilidades de escogencia (ejecución de órdenes o coerción); propensión a conformarse a lo habitual o a lo anticuado sin reflexionar en ello (tradición). De ahí que debamos entender el consenso de manera multidimensional (propuestas y contrapuestas, opciones y alternativas, aceptables o válida), pero siempre estructurado en beneficio colectivo y con la fuerza vinculante de la aprobación general, que permita cambiar las ideas de siempre camino a una nueva conducta de vida comunitaria, como estrategia para comenzar a reorientarnos como debería en procura de una ciudad dispuesta a vanguardias y seguridades mejores.

No podemos ingenuamente seguir haciéndole el juego al decir reiterado, impreciso y muchas veces irresponsable que partidos, movimientos y grupos significativos de ciudadanos son incapaces de llegar a consensos o acuerdos políticos para enfrentar las crisis y encaminar rumbos óptimos, lo que obliga pensar en positivo, aceptar que llegó la hora para Santa Marta de la conveniencia de un acuerdo amplio y consenso cierto que nos lleve a avanzar como ciudad, en contexto de acuerdos colectivos que no olviden la sociedad civil y la potencien más temprano que tarde en su sostenibilidad, sustentabilidad, productividad y competitividad, entre otros particulares y generales aspectos, que en conjunto la potencien a lugares de preeminencia en los órdenes regional, nacional e internacional, razones de peso para reiterar desde esta columna, la imperiosa y siempre presente necesidad de diálogos, consensos y acuerdos sobre los temas fundamentales que afectan gobernanza y gobernabilidad.

Por el bien de Santa Marta y de cara a las elecciones venideras, tenemos que ser capaces de llegar a acuerdos, no puede seguir Santa Marta inmersa en marasmos de incertidumbres, lo que impone reclamar consensos políticos que, sin desnaturalizar los partidos, antepongan sus intereses a los superiores de la ciudadanía y comunidad, más aún,cuando nuestra ciudadanía  está reclamando obras de envergadura, tales como el agua,el alcantarillado fluvial, la restauración del Estadio Eduardo Santos, la Avenida Multipropósitos del Río, la continuación de la avenida campo serrano hasta el Rodadero, la vía nueva al Rodadero partiendo de los linderos del Batallón Córdoba,verdaderos parques, la Cátedra de Turismo en los colegios, Santa Marta Bilingüe, la recuperación de la primera y del acceso a punta Betín, entre otras tantas conquistas,que se logran consentido de pertenencia y bajo el gran marco del consenso que estoy planteando en esta columna.   .

Caminemos hacia acuerdos amplios, de eso también trata la política. Comprendamos que en provecho de ciudad el consenso es instrumento político de utilidad en momentos determinados y para cuestiones especiales. Santa Marta es ese algo especial que requiere de sacrificios, propósitos y atenciones mejores, de ahí la exigencia de ponernos de acuerdo, principalmente en los muchos asuntos que afectan en gran medida convivencia, bien común y demás otras falencias que arrastramos, en aras de garantizarnos el bien sagrado de la estabilidad. Es momento de hacer los esfuerzos que sean pertinentes para generar acuerdos y presentar una posición unitaria, que muestre a la ciudadanía que la responsabilidad no contraría la política, sin que es una válida manera para que la ciudadanía empiece a pensar que quienes la representan no son ni serán más problema sino principio de solución, alejados de la corrupción denunciada que acontece en detrimento de la cuidad.

*Jurista

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