El Papa que Colombia espera

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Desde el momento en que se anunció oficialmente la visita del Papa Francisco, el país se viene preparando y acariciando la ilusión de verlo, sentirlo y escucharlo de cerca.

Pero, ¿por qué ha despertado tanto interés esta visita en el pueblo colombiano? 

Las razones son muchas: se trata del primer Papa latinoamericano, del primer Papa Jesuita y del primero que escogió llamarse Francisco. Se trata del Papa que desde el mismo día de su elección como sucesor del Papa emérito Benedicto XVI se ganó el cariño, la admiración y el respeto de todo el mundo.

De entrada, impresionó con su sencillez y humildad; sus primeras palabras estuvieron acompañadas de gestos proféticos como su sotana blanca sin distintivos papales, la oración por el Papa emérito Benedicto XVI y la petición de la bendición al pueblo de Dios.

Con la escogencia del nombre nos puso en la pista de imaginar  la orientación que daría a su Pontificado. Pensó en Francisco de Asís, el santo con “alma de querube y lengua celestial” que se desposó con la Señora Pobreza, llamó hermanos a todas las criaturas y escuchó el llamamiento: “vete a restaurar mi Iglesia que está en ruinas”. 

Gracias a los medios de comunicación, hoy conocemos mucho de lo que el Papa piensa, dice y  hace. Sabemos, por ejemplo, que prefirió quedarse en su despacho de la casa de Santa Marta para estar más cerca de la gente y mostrarnos una nueva manera de ver la Iglesia y el ministerio del Papa como Obispo de Roma y sucesor de Pedro.

El sacerdote español Juan Rubio en su obra “la viña devastada” afirma que el Papa Francisco no es un teólogo sino un Pastor. Un hombre cuya cercanía hará que prime una Iglesia más madre que maestra, aunque no deje de decir lo que deba, siempre desde el respeto y la misericordia.

Pero hay otra razón que explica el entusiasmo, la alegría y la fe con que el pueblo colombiano espera la visita del Papa Francisco: el país vive un momento muy especial de su historia, caracterizado por el fanatismo, el sectarismo y la polarización política, el fundamentalismo de grupos religiosos, el incremento de la inseguridad, la violencia y  la corrupción, la crisis de la justicia y la inconformidad de amplios sectores de la población por la pobreza y la marginación.

Para el Papa Francisco no son ajenos las angustias y sufrimientos que padecen los pueblos. Y mucho menos la situación y realidad de los países suramericanos.

En su magisterio de estos cuatro años de Pontificado ha hablado de una Iglesia en salida y de puertas abiertas que debe ir a las periferias; ha recordado a Obispos y sacerdotes que no somos príncipes sino servidores; que nuestras curias y parroquias deben ser como hospitales de campaña; que el mundo es la casa común de todos los hombres.

En su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium nos invitó a una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría, el valor y la audacia. Su voz profética ha denunciado la pobreza y la exclusión de pueblos y personas, la globalización de la indiferencia, la construcción de muros y barreras que impiden a muchos mejorar sus condiciones de vida.

 

Tenemos pues razón los colombianos en esperar del Papa Francisco una palabra que nos devuelva la fe y la esperanza; que nos señale el camino y nos  ayude a dar el “primer paso” para la construcción de un país mejor.

*Exsecretario general de la Conferencia Episcopal colombiana.

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