El Luis Pentrelli de Dios

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No voy a decir que hablo asistido por el Espíritu Santo, pero puedo anticipar que el papa Francisco, como un célebre jugador de fútbol argentino, Luis Pentrelli, toca y se va.

O sea, el tsunami Francisco hace su segunda visita de médico a Colombia, y regresa al Vaticano. Le digo  tsunami porque su visita es de las que hace “estragos” antes, en y después de realizada.

Amerita  explicación el evangelio balompédico de Pentrelli, quien jugó con Nacional después de lucirse en Argentina e Italia.

Un periodista de El Gráfico le preguntó por su sistema de juego. “Toco y me voy”, respondió. Un mandamiento que es táctica y estrategia al mismo tiempo.

El paisano del papa se deshacía pronto del balón y se iba a otro lugar a seguir siendo útil a su credo balompédico. Nada de engolosinarse con el cuero.

Pentrelli no se quedó en Medellín. Tampoco Borges quien estuvo dos veces. Hablando del papa comentó: “Es un funcionario que no me interesa”.

Por razones ajenas a su voluntad, se quedó Carlos Gardel, de quien Borges decía que era francés. El propio Carlitos se declaraba uruguayo, pero como uno es de donde le llevan flores y cigarrillos al cementerio, Gardel es argentino.

Son recordados otros cantantes: Larroca, Raúl Iriarte, Armando Moreno, Agustín Irusta; Carlos Argentino Torres por poco se queda.

Que no falte la trinidad femenina musical integrada por Lita Nelson, Gladys Viera y Leticia Estrada. Tita Duval, del Tambo de Aná, tuvo su cuarto de hora.

El gaucho más famoso que felizmente nos acompaña es don Leonardo Nieto, dueño del salón Versalles.

Música, gastronomía y fútbol es la pagana trilogía en la que han brillado los hermanos gauchos. El papa Francisco debería concederles indulgencias plenarias. O reducirles la cuota de purgatorio.

El privilegio debería cobijar a futbolistas como el Charro José Manuel Moreno, el más grande. Jugaba por amor al arte, no por el prosaico metal; Rossi, Larraz, Grecco, Corbata, Saco, Seghini, Contreras, Retamozo; Paternóster y Zubeldía, entrenadores, practicaban la obra de misericordia de enseñar al que no sabía. Y a los que sabían.

Dejaron huella Julio Arrastía, Luis Fernando Barros y Humberto Vilches Vera quien en dueto con doña Olga nos regaló a las tres gracias: Olga, Lucero y Virginia.

Canta y encanta Jorge Guillermo, en el Patio del Tango; el Che Paulino y su hermano Carlos les enseñaron a los hermanos Carolina y Luis Ovidio Ramírez a cantar “El último café” y “Nada”.

Para desquitarse de su mínima estatura, Roberto Lamas deja oír su voz prodigiosa en El Málaga. Es un as del fuelle el bandoneonista Oscar Pelayes.

Tantos argentinos se han amañado aquí que el riesgo es que el papa Francisco se venga a vivir con nosotros, si renuncia dentro de 4 años cuando cumpla 85, como lo hizo su antecesor Benedicto XVI. ¡Bienvenido¡

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