Alcanfor, gatos negros y calzoncillos azules, viaje a las cábalas de los futbolistas

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Este gato negro se paseó por el Camp Nou en la primera fecha de la Liga española 2015. La hinchada catalana temió un mal año, pero, al contrario, el Barcelona lo ganó todo.

 

En 2002, antes y después de la final de ida ante Pasto, los hinchas del Medellín estaban felices de encontrar similitudes entre los “términos” de la supuesta maldición que recaía sobre el DIM y el trámite de aquella final.

Para que el Poderoso fuera campeón tendría que arrancar el pasto del Atanasio, era la presunta condena de la bruja Ludovina, dolida por la deuda que el club nunca saldó a su marido: el arquero Artemio Villanueva. Tras 45 años sin títulos, la sugestión fue tal que Mao Molina dijo eufórico que ya habían “desterrado” a Pasto tras vencerlo 2-0 como local e ir con ventaja a la vuelta.

“Siempre me ha parecido muy valioso el rito que se maneja alrededor de nuestro fútbol latinoamericano, mezcla de fe religiosa y paganismo. Y creo que un error que cometemos los profesionales es tratar de sustituir o menospreciar esas cábalas y agüeros de los jugadores que acuden a nosotros por procesos netamente racionales”, explica la sicóloga Laura Arias, colombiana radicada en Argentina.

“Esencialmente nuestra labor profesional es descubrir cuál es su búsqueda o falencia a partir de ese hecho particular como meter los pies en agua bendita o guardar silencio los primeros cinco minutos de juego, que son casos que me han pasado”, complementa la integrante del cuerpo formativo de las juveniles de Argentinos Juniors.

Para Arias, lo importante es que junto al sistema de creencias de cada futbolista esté el acompañamiento profesional. “Cuando la cábala les falla, tras la frustración inicial, recae sobre ellos una sensación liberadora, siempre y cuando tenga un buen soporte mental para desligarse del mismo”.

En la misma vía piensa Daniel Abraham, sicólogo del Bournemouth, en el que juega Jefferson Lerma, y autor del que puede ser el libro más leído por futbolistas en Europa: “Soccer Though”.

“Ningún rito va ligado al rendimiento. Sin embargo, si el jugador tiene la percepción de que sí lo hace puede crearse un ambiente complementario a su desarrollo profesional”, explica Abraham.

El problema es cuando la “influencia” se sale de las manos. “Hay transtornos que se materializan en acciones que los jugadores creen inofensivas”, dice Arias.

“La presión que recae sobre los deportistas es escenario ideal para desarrollar trastornos obsesivos compulsivos, de ansiedad y otros. No se habla mucho de esto en el fútbol y tan valioso como es respetar ese acervo de prácticas también lo es ayudar a mostrarle al jugador que no tiene nada de malo tratar de encontrar justificación a sus cábalas”, concluye.

 

El Colombiano

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