HOY DIARIO DEL MAGDALENA
Periódico de Santa Marta

El ‘descabezado’ de Tenerife, pasó a convertirse en leyenda

Álvaro Enrique Escobar Ospino diariamente recorría las principales calles del municipio hasta que se ocultaba el sol.

En el municipio de Tenerife, Magdalena  vivió  un personaje muy particular que asombraba a todo aquel que lo veía por primera vez, Álvaro Enrique Escobar Ospino más conocido como  ‘El descabezado de Tenerife’, quien falleció hace pocos días por causas naturales.

 

Álvaro tenía una condición particular que asustaba hasta el más valiente, incluso llegaron a decir muchas personas que le habían echado un maleficio. Si la gente lo miraba de espaldas daba la impresión de no tener cabeza lo que generaba pánico entre las personas que lo veían por primera vez.

LO QUE DICE LA GENTE

Según cuenta la comunidad la condición de este hombre que lo conocía más que terror causaba tristeza, teniendo en cuenta que al mirarlo de frente su cabeza la tenía incrustada en su pecho, y que se había quedado así luego de que una mujer le lanzara un maleficio.  

“Este hombre era casado y la mujer al dejarlo le lanzó un maleficio y poco a poco la cabeza se fue doblando hasta quedarse incrustada en el pecho”, manifestó uno de los habitantes del pueblo.

Creció en la ribera del río, de niño se ganaba la vida cargando  agua, hasta los 26 años de edad su apariencia física era normal, lo cual se podía constatar en su cedula de ciudadanía que cargaba a todas partes.

UN DÍA EN LA VIDA DE ÁLVARO

Desde las 7:00 am Álvaro Escobar se dedicaba a caminar  por todo el pueblo, bajo el sol inclemente hasta que llegaba la noche, y se acercaba hasta la puerta de la iglesia, según lo manifestado por el sacerdote Simón Ramos, Álvaro era una persona normal que no se metía con nadie, inteligente, uno de sus pasatiempos era decir las principales  capitales del mundo, que se sabía a la perfección.

Muchas personas que lo conocían le daban monedas el cual recogía para según él ir a buscar a sus hijos, que viven en el barrio Mamtoco de Santa Marta.

TENÍA UNA FAMILIA

Escobar siempre hablaba de su familia, decía que estuvo casado y que de esa relación marital nacieron 4 hijos los cuales quería ir a visitar. “Se casó en Tenerife con Enilse Ospino, la cual tenía unas malformaciones físicas de nacimiento así como cuando la persona sufre de un derrame, se le notaba en el brazo y en el caminar él era normal”, manifestó el sacerdote de Tenerife.

LLEGADA A SANTA MARTA

Buscando una mejor calidad de vida partió a la capital del Magdalena a trabajar como sepulturero del cementerio con unos primos en los años 78 y 79, en ese tiempo se caracterizó por ser una persona pulcra en el vestir y que se sabía expresar bien.

Luego regresó a su natal Tenerife dejando a su esposa y a sus hijos, por eso la gente que lo conoce piensa que luego de su separación fue que empezó a caer su cabeza hasta quedar en esa condición que lo mantuvo postrado hasta  el día de su muerte.

SU CASA

Una casa humilde con pocos muebles y en obra negra, fue la morada de este hombre el cual la compartía con su hermano que se dedica al ciclotur, en este lugar dentro de su habitación sobresalía su hamaca, desgastada por lo vieja pero que lo ayudaba a conciliar el sueño ya que por su condición no lo podía hacer en una cama normal.

De pocas palabras pero con la lucidez de un hombre normal Álvaro recorrió cada calle de Tenerife hasta los últimos días de su vida, sin quejarse ni una sola vez pese a tener esta condición que hasta la fecha nunca se supo le pasó.

Se caracterizó por su nobleza y por ser querido por todos sus habitantes “Yo le daba los alimentos, los cuales los comía poco a poco, el agua la tomaba con la ayuda de un pitillo y la ropa se la lavaba la cuñada, se bañaba y hacia sus necesidades solo, no molestaba, salía desde temprano y llegaba a las 7:00 a dormir”, manifestó Melbis Beleño amiga de Álvaro.

SU MUERTE

Tras sufrir una enfermedad desconocida, donde no tenía estabilidad en su cuerpo y le colgaba la cabeza, un hombre  natural de Tenerife, Magdalena falleció en horas del día viernes en extrañas circunstancias, así titularon los principales diarios al enterarse de la muerte de este personaje representativo de los tenerifanos.

Familiares y vecinos lamentaron la muerte de una persona que luchó por salir adelante y llevar una vida normal a pesar de su mal formación que le impidió hacer algunas actividades en su cotidianidad.

“Álvaro fue un gran trabajador, y una extraña enfermedad debilitó su cuello, lo que al paso del tiempo no le permitió sostener su cabeza, la cual fue acomodándose hacia abajo y allí se quedó estática logrando con esto detener su vida de trabajador convirtiéndolo a la vista del visitante en un caso curioso e insólito y a la mirada del tenerifano como parte de la cotidianidad de aquella población llena de cultura donde se dice que los pescados tienen una sustancia especial porque sus habitantes poseen un gran coeficiente intelectual”, aseguró un visitante de Tenerife, que llegó hasta el lugar atraído por la curiosidad.

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