Nueva cúpula militar

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Llega al mando de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional una nueva cúpula que pretende oxigenar dichos organismos y trazar una estrategia que impida que, tras el desarme de las Farc, se sigan fortaleciendo nuevos grupos delincuenciales que con actividades de contrabando, minería ilegal, explotación forestal ilegal y narcotráfico generan situaciones de violencia e inseguridad en múltiples puntos de la geografía nacional. El cambio en el mando de las fuerzas es un asunto natural y lógico cuando ocurre una transición en el gobierno, como en este caso, cuando el presidente Iván Duque Márquez empieza su quinto mes en la Casa de Nariño. Así que no debe extrañar el cambio.

No obstante, también debe tenerse en cuenta que el país de hoy es bastante distinto al de hace una década, y que así no se esté de acuerdo con lo pactado con las Farc, las prioridades de las Fuerzas Militares deben encajar en el cumplimiento de tales compromisos y en la cimentación de una paz duradera y sostenible, sin que eso signifique renunciar a tener una presencia en los territorios que se convierta en garantía de seguridad para las comunidades, sobre todo en aquellas zonas en las que cunde el crimen organizado sin que se haga lo suficiente para controlarlo. Su característica “tropera” pareciera garantizar ese matiz.

La realidad es que organizaciones como las disidencias de las Farc, el Clan del Golfo, el Epl y el Eln se han fortalecido en los últimos tiempos ejecutando economías ilegales, aprovechando la permisividad del Estado (que no es cosa de ahora, sino de hace varias décadas), al punto de tenerse hoy las mayores extensiones de cultivos de coca en toda la historia, cerca de 171.000 hectáreas, según las Naciones Unidas. Incluso, hay evidencias de que los carteles mexicanos de las drogas hacen presencia directa en las zonas productoras colombianas, lo que hace más complejo el control que de estos fenómenos debe hacerse por nuestra Fuerza Pública.

Nombres como Guacho, Gentil Duarte, Iván Mordisco y Cabuyo, por ejemplo, se consideran objetivos de alto valor, al lado de los comandantes de las demás bandas criminales que, como el Clan del Golfo, anunciaron un supuesto sometimiento a la justicia que no tiene indicios de concretarse. Ante la realidad estadística de un aumento en los homicidios en las zonas en que esos grupos hacen presencia, así como la actitud del Eln de no comprometerse a avanzar en los diálogos de paz, las Fuerzas Militares y la Policía deberán diseñar un plan de lucha contra esas expresiones criminales para desarticularlas y recuperar los territorios que hoy están en sus manos.

Lo más importante, sin embargo, más que las capacidades bélicas de las tropas, son las operaciones de inteligencia que ayuden a darle un golpe en la médula a los criminales, y obligar su rendición o sometimiento. Así mismo, está la responsabilidad de actuar con tanto tacto y sabiduría en la defensa de la soberanía, que no haya lugar a responder a las provocaciones que seguramente vendrán desde Venezuela con ánimos belicistas.

Además, por encima de las acciones y presencia militar, las zonas de frontera y las regiones más apartadas del país necesitan que el Estado con todos sus servicios esté cerca de las comunidades. No de otra forma será posible erradicar del país esas acciones criminales que siembran el terror y generan desconfianza frente al Estado y sus instituciones.

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*Internacionalista.

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