Con un solo ojo basta

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El papa Francisco vino, vio y santificó. El obispo de Roma por la gracia del Altísimo, ¿ o del Santísimo ¿ logró hacer la correría por cuatro ciudades, prevenido a que no le fueran a quitar el solideo, o el gorrito, en cualquier calle.

Pero se llevó la sorpresa de que este país, se quedó sin raponeros,  porque los que existen andan mareados hace rato con los ladrones de cuello blanco, porque estos se han pasado de la raya con el erario, haciéndolos ver como lo más bajo que existe en la pirámide del tumbe. Les da pena de robar celulares, de meterse en los apartamentos ajenos y desocuparlos, claro porque de algo hay que vivir, dicen los tipos, mientras que los otros se llevan “la pulpa”.

Al final el Sumo Pontífice se fue a la máxima popular: “ para ver lo que hay que ver con un solo ojo basta” , con esto no hay que pensar que el tocayo, se golpeó a un lado de la ceja izquierda a priori, no señor, todo fue accidental, pero al final quedó más que satisfecho con el trato que recibió en Colombia. Había pensado “en dar un paso pero desafortunadamente su cabeza se le adelantó.

ntes de aterrizar en el aeropuerto de Bogotá, el Vicario ya venía blindado contra chismes de políticos, que en sus pataletas de ahogado, tratan de hundir a sus adversarios y al final no ven el iceberg que los roza terminando rasgándolos. Que Odebrecht por ejemplo salpicó a candidatos a la presidencia, lo mismo que Senadores, Magistrados o que el Santísimo terminó abrazándose con Timochenko . Todo eso ya el Papa lo sabía. No bastaba con tirar el trompo, sino cogerlo con la uña.

     Francisco I, al pisar nuestro país, ya venía más empapado que cualquier colombiano, sobre la Farc, las Autodefensas, de como un Fiscal Anticorrupción desde pelao le había tumbado la lonchera a un compañerito de kínder, de las calles rotas de Santa Marta, del desespero del Unión Magdalena, con los mismos colores de la camiseta igual a su San Lorenzo argentino y desde cuando existe la violencia en este territorio, hasta como se enemistaron Bolívar y Santander e incluso la velocidad de los coletazos de los huracanes que se atrevieron a golpear el Caribe en esos días. Nunca se le vio “encartao” con nada.

     Por eso, al Papa con un solo ojo le bastó para ver la situación del país, sin necesidad de recoger firmas.

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