Francia conquistó su segunda estrella tras la ‘caída’ de los grandes         

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Drama implacable, tramas secundarias fascinantes y sólo un empate sin goles durante todo el torneo. El mundial de Rusia de 2018 superó las expectativas y pasará a la historia como un gran éxito.

Con una férrea defensa y un poderoso juego a pelota parada, el equipo dirigido por Didier Deschamps no deslumbró por un fútbol vistoso, pero a medida que fue avanzando en la competición se fue haciendo cada vez más compacto.

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No formaba parte del grupo de grandes aspirantes al título en Rusia-2018, pero la Francia de Didier Deschamps se aprovechó de la ‘dimisión’ de los favoritos para conquistar la segunda estrella, dos décadas después de haberlo hecho en casa.

La hecatombe de Alemania, Brasil e incluso España o Argentina, provocó unas semifinales inéditas en Rusia-2018, con cuatro países (Croacia, Bélgica e Inglaterra, además de los Bleus) que no entraban en los pronósticos previos al torneo.

Con una férrea defensa y un poderoso juego a pelota parada, el equipo dirigido por Didier Deschamps no deslumbró por un fútbol vistoso, pero a medida que fue avanzando en la competición se fue haciendo cada vez más compacto, rocoso y prácticamente imbatible.

El éxito francés tuvo varios nombres como protagonistas, pero principalmente dos: Deschamps y Kylian Mbappé.

Dos décadas después de levantar la Copa del Mundo como capitán de los Bleus, con una generación que lideraba junto a Zinédine Zidane, Deschamps se consagró como técnico al conquistar la segunda estrella.

De esta manera, Deschamps se convertía en la tercera persona en la historia en ganar el título mundial como jugador y como seleccionador, después del brasileño Mario Zagallo y del alemán Franz Beckenbauer.

Durante el Mundial, además, Deschamps se convirtió en el seleccionador francés con más partidos dirigidos en la historia, llegando en el partido de octavos contra Argentina a los 80 encuentros, superando los 79 de Raymond Domenech.

En el terreno de juego una figura emergió por encima de todas. Cuando muchos esperaban que Antoine Griezmann o Paul Pogba liderasen a los Bleus, fue un joven de 19 años, Kylian Mbappé, el que se consagró como gran estrella.

Mbappé ya se había presentado en Europa con una gran temporada 2016-2017 en el Mónaco, lo que le valió fichar ese verano por el París SG por 180 millones de euros (el segundo traspaso más caro de la historia tras los 222 millones de Neymar), pero Rusia fue el escaparate que le sirvió para darse a conocer ante todo el mundo.

El joven prodigio fue quemando etapas a lo largo del torneo: primero se convirtió en el jugador francés más joven en marcar en un Mundial con 19 años y 183 días (en la victoria 1-0 contra Perú en la primera fase); después en el segundo más joven en anotar dos goles (contra Argentina en octavos) en un partido mundialista, por detrás de Pelé (17 años y 8 meses) y, finalmente, siendo otra vez el segundo más joven en marcar en una final, otra vez por detrás de ‘O Rei’.

 

Fortaleza defensiva

Pero si por algo destacó Francia en el Mundial fue por su fortaleza defensiva: el arquero Hugo Lloris dejó su portería a cero en cuatro de los siete partidos mundialistas, en algunos de ellos con atajadas de mucho mérito.

Y por delante de Lloris una línea defensiva de una media de edad de poco más de 23 años: Samuel Umtiti y Raphael Varane se mostraron casi infranqueables y además anotaron goles decisivos.

Y por las bandas, el desconocido Benjamin Pavard y Lucas Hernández no solo defendieron bien, sino que fueron parte fundamental del esquema ofensivo de Deschamps. El mejor ejemplo fue el segundo gol contra Argentina: centro desde la izquierda de Lucas y remate en la frontal del área de Pavard.

Y por delante de la defensa, un doble pivote formado por Paul Pogba y por el omnipresente N’Golo Kanté para sostener el engranaje defensivo en el que se cimentó el éxito francés.

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