Se ´perrateó´ la CPI

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Una crisis existencial amenaza los afelpados pasillos de la Corte penal internacional (CPI), objeto de duras críticas tras la espectacular absolución delexpresidente marfileño Laurent Gbagbo de los cargos de crímenes contra la humanidad.

Esta absolución total del exdirigente político, por presuntos crímenes cometidos durante la crisis postelectoral de 2010-2011 –violencias que causaron más de 3.000 muertos en Costa de Marfil– es el último de los reveses que sufre el fiscal de la CPI.

La CPI, fundada en 2002 con la noble y firme intención de condenar las peores atrocidades cometidas en todo el mundo, está acusada de centrar sus investigaciones en el continente africano.

La absolución de Gbagbo “compromete la confianza en la capacidad de la acusación en lanzar acciones judiciales contra responsables por casos de atrocidades” opina Carsten Stahn, profesor de derecho penal internacional en la Universidad de Leiden.

En junio de 2018, la CPI absolvió al ex-vicepresidente congoleño Jean-Pierre Bemba, condenado en primera instancia a 18 años de prisión por crímenes cometidos por su milicia en República Centroafricana entre 2002 y 2003.

En 2014, el fiscal de la CPI Fatou Bensouda había abandonado, por falta de pruebas, las acciones judiciales contra el presidente keniano Uhuru Kenyatta, por crímenes contra la humanidad.

“Lo de Kenyatta y Bemba fueron advertencias. Lo de Gbagbo confirma el panorama” agrega Stahn, para quien “hay que llevar a cabo investigaciones más profundas”.

“Al atacar inmediatamente a altos responsables, existe un importante riesgo de perder los casos”, explica.

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