La debacle de los partidos políticos tradicionales

Los colombianos estamos presenciado como se acaban los partidos políticos tradicionales como el Liberal, el Conservador, La U e incluso Cambio Radical.

Digo que se están acabando en razón a que sus dirigentes más representativos, que podrían encarnar una candidatura a la presidencia de la República, han decidido desertar de sus partidos y presentar su nombre por firmas, a saber: Germán Vargas Lleras, líder indiscutido de Cambio Radical durante varios años, renunció a ser candidato en representación de esa colectividad, Martha Lucia Ramírez, candidata a la presidencia por el partido Conservador en las pasadas elecciones, se retiró de ese partido para aspirar por firmas, Humberto De La Calle que ha recibido todos los honores del partido Liberal, hoy amenaza con aspirar por firmas si este no lo acoge como su candidato único, sin formula de juicio, y así son 26 los candidatos que han inscrito comités para recoger firmas y poder ser candidatos presidenciales.

Esto denota por un lado, el desgaste de las colectividades políticas tradicionales en Colombia y por el otro, “avivatadas” de muchos que se inscriben solo por mero afán de figuración, pues no tienen la más remota posibilidad de acceder a la presidencia por elección popular.

Los partidos en Colombia se burocratizaron, perdieron el rumbo y la vocación de poder, se conforma con los puestos públicos que les da el presidente ganador y lo apoyan en todas las políticas públicas que plantea, sin tener presente la ideología que guía a su propio partido. Igualmente son partidos parlamentaristas, sin líderes claros con carisma y proyección nacional, están conformados por una amalgama de gamonales, compradores de voto, sanguijuelas de los diferentes erarios públicos, contratistas y manipuladores de las nóminas del sector público, que solo buscan encausar la actividad administrativa en su propio beneficio.

Los partidos políticos tradicionales han perdido el arraigo popular, los ciudadanos no encuentran identificación con los representantes de estas colectividades políticas, pues estos encarnan todas las mañas y marrullas que los votantes no quieren ver. Y si a esto le sumamos que se han vuelto agencias de avales, donde se venden o se otorgan por amiguismo, sin consideración a las calidades de las personas seleccionadas, estamos frente a una crisis estructural de estas colectividades que ha llevado el ejercicio de la política a su peor momento, los colombianos no creen en nada ni en nadie.

Por todo esto, se requiere una cirugía de alta complejidad para rescatar nuestra democracia, para que el pueblo vuelva a creer en sus dirigentes y en las instituciones que los partidos y el gobierno han convertido en trompo de poner que baila al compás de los intereses personales de cada uno de los seudo directivos, que hoy fungen como parlamentarios, o miembros del gobierno nacional, departamental o municipal.

Todos son responsables de esta debacle que acosa a nuestra democracia, pero también hay responsabilidad en los electores que se dejan comprar por dádivas o por puestos, porque votan sin saber para que votan ni por quien votan.

¿Sabes qué? Mientras Colombia padece una crisis moral, institucional y de credibilidad, el gobierno lanza globos distractores como proponer un referendo para reformar la justicia, a sabiendas que este no es el mecanismo idóneo para tal efecto.

*Catedrático universitario