El refundido principio de autoridad

[themoneytizer id=”22300-1″]

El principio de autoridad se define como uno de los factores fundamentales que sustenta el Estado de Derecho y el sistema democrático, con pleno ejercicio de las libertades, pero también con estricto respeto al derecho de los ciudadanos a vivir en paz y con garantías para su integridad física y la propiedad; y el arte de mandar, mismo que no basta para ejercerlo con el instinto que más o menos acentuado poseamos para ello, sino desarrollarlo conociendo y practicando los principios sancionados por la experiencia y los avances de las ciencias humanísticas; son soportes del poder, e igualmente su mayor virtud y peor peligro, al emanar de ellos, obediencia, orden, abuso y opresión.

De allí que surja la ley para concertar libertad y seguridad, hacer convivir los mandos del Estado con los derechos ciudadanos. Cuando la autoridad se pierde ganamos en el descrédito de la legitimidad, razón por la cual haya que evidenciar el poder demostrando su presencia, eficacia, honradez y respeto a lo legitimo, procurando que los encargados de hacer valer esa autoridad sean respetables, confiables y eficientes servidores públicos, y no apenas simples excusa gobiernos.

Perderse la autoridad concibe desorden, incertidumbre, hacer justicia por cuenta propia, volver a épocas de bárbaras naciones, a la salida de madre de las más bajas pasiones y la ira desbordada, muchas veces sin razón de ser por parte de un pueblo mal gobernado que se transforma en horda desenfrenada y primitiva, que frente a los malos manejos prefiere estrangular la ley, lo que la mayoría de las veces preferimos desconocer.

Debemos evitar a toda costa tanto las exaltaciones populistas, como hacer el juego a los malos, peores y perversos hechos de corrupción de ayer y de hoy, producto de esa pérdida de autoridad y la constante mofa a las instituciones, generándose en la sociedad incredulidad, desencanto, desilusión, frustración y desesperanza, aspectos que en solitario y conjunto amenazan con quebrarle el espinazo al Estado de Derecho. Razón por la que demandemos gobiernos que restituyan el respeto a la autoridad y la confianza plena en la ley, en ruta a tener no un Estado alcabalero, sino que sea instrumento idóneo para alcanzar la paz verdadera y no su remedo, puesto que así la irrespetamos en su esencia.

No podemos permitir como ciudadanos seguirnos menoscabando como nación física, ética y moralmente. Tampoco que se siga chacoteando a la autoridad ni rebajando a la mediocridad el ser, hacer y quehacer político y de la política a que los hemos sometido. Nuestros territorios y sus gentes merecen mejores gobiernos y más respeto. Posdata: Mi solidaridad y Fraternidad con los familiares de las víctimas inocentes del lamentable suceso de la Escuela General Santander, en hechos que nos invitan a realizar profundas reflexiones en pro de la convivencia y la terminación del cáncer de la polarización.[email protected] 

*Jurista

[themoneytizer id=”22300-28″]
También podría gustarte