Realidad de realidades

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Nuestra gente, no obstante ser objeto de falsas como de exageradas ofertas e intuir muchas veces las exageraciones cuando políticos y autoridades quieren algo alcanzar de ellos, se siguen mostrando permisivos e indulgentes como consecuencia de su desesperación con una o más realidades que los acosan o por el tamaño de sus ilusiones esperanzados en la llegada de un mejor porvenir. Tercamente prefieren lo cual, antes que optar por una decisión racional, inteligentemente construida, que tenga en cuenta respecto de quienes aspiran a cargos de lección popular, trayectoria, preparación académica y capacidad profesional, lo que muy pocas veces se materializa en los procesos electorales; especialmente hoy, cuando gracias a la tecnología las gentes deciden basándose más en los atributos personales y fama pública que en la viabilidad de las propuestas. De todas maneras, la gente no confía (así actúe contrariamente a su sentir) en la clase política y se desilusiona muy rápido de sus nuevos gobernantes.

El denominado período de gracia que se da a los líderes es cada vez más fugaz. Los gobernantes, elegidos al vaivén de ilusiones y promesas, se topan con la verdad de recursos insuficientes y realidades que no dan espera ni perdonan las decisiones impopulares y dolorosas que los servidores públicos se ven obligados a tomar; es ahí cuando cunde la decepción, se dilatan las promesas de transformación, se entroniza el pesimismo y se derrumba la credibilidad del cambio democrático, haciéndose utópico cumplir las promesas demagógicas utilizadas para convencer, lo que les sirve convenientemente de amparo para seguir la rueda de engaños en campañas posteriores.

De cara a próximos comicios, y conste que desde ya bueno es alertarnos, importa exigirles a los aspirantes propuestas realistas y nada de falsas promesas, para que no se siga multiplicando lo malo y peor que se nutre de la corrupción reinante y la ineficacia de los gobiernos precedentes. Hora es ya de demandar que se actúe con certeza y verdad, ya que tarde o temprano la realidad aparece contundente cuando ya poco o nada puede hacerse y las demandas sociales siguen como siempre al debe, generando polarización social y una más pauperizada clase media, importando la implantación e implementación de fórmulas fiscales que redistribuyan la carga, a efecto de evitar a tiempo consecuencias irreversibles.

Será que es posible seguir creyendo en el sistema democrático, a sabiendas que entre nosotros no resuelve los problemas de fondo, y tampoco vemos una actitud responsable por parte de los actores políticos?. La realidad es que necesitamos cambios ciertos para transformar lo que ya no funciona, como tampoco y mucho menos seguir atados tercamente a los problemas estructurales de ayer. El tiempo de hoy necesita transformaciones de verdad y a ello debemos apuntarle sin demora. Estamos ya más que advertidos. Pensemos en ciudad, pensemos en departamento. Pensemos y seamos mejores. Nada nos cuesta y mucho nos beneficiaremos si actuamos correctamente.

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