El inconveniente inmediatismo

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El largo plazo (sin que ello implique olvidar el corto y el mediano plazo), que estructurados gobernantes presentan como una visión responsable, tiene tantos amigos como enemigos, especialmente en países como el nuestro, donde el problema de la desigualdad es estructural dada la incapacidad del Estado para entrar a solucionar de manera integral problemas que rebasan las buenas intenciones y la siempre perturbadora parafernalia electoral.

Corto plazo, inmediatismo y populismo, en atención a la inequidad, las múltiples necesidades poblacionales y la insatisfacción consuetudinaria de sus demandas, tiende siempre a imponerse sobre el largo plazo, optándose en consecuencia (grave error en mi parecer), de la mano de propuestas facilistas y prebendas clientelistas obligados por la pobreza y las cada vez más imperiosas necesidades.

La desigualdad, problema multidimensional uno y mil veces diagnosticado, tenemos que tomarla como un reto, particularmente por encontrarse anclada en nuestras ordenaciones económicas y políticas, debiendo ser superada y reducida eficiente y sostenidamente con el diseño, implantación e implementación de políticas públicas inteligentes, contando para ello con gobernantes comprometidos en estrategias que apunten al beneficio comunitario, soportados para lo cual en una visión de largo plazo.

Es sin duda la desigualdad un problema evidente que ha sido analizado y cuestionado seria y ampliamente por estudiosos del tema, como también querido resolver con el cortoplacismo sin el desarrollo de políticas efectivas y sostenibles, la cual bien podemos graficarla como aquella donde una gran mayoría tiene poco, muy poco o nada; y, una minoría tiene mucho y más, lo que obliga crear mayores estímulos para que los haberes y utilidades de los poderosos se sometan al largo plazo en procura de beneficios específicos que potencien la calidad de vida de los menos favorecidos por la fortuna, lo que ayudará a la arquitectura de una democracia seria, efectiva y responsable, camino a consolidar derechos más allá de simples uniones de momento.

No se trata en ningún modo de utilizar la inequidad y la desigualdad como caballitos de batalla en las gestas electivas, sino encontrarle soluciones, crear y edificarle sustento político con la participación deliberativa y activa de la comunidad, a la que debe invitarse, hacerla incluyente, toda vez que no es válido seguir haciendo demagogia a nombre de la igualdad, ni prometiendo ofrecimientos improbables, en el afán desmedido por pescar electores incautos.

La situación social hay que mejorarla a toda costa, hacerla más equitativa preservando la calidad de la democracia y la eficiencia de la estructura productiva, en lo que interesa un Estado que apoye políticas sociales con visión de largo plazo, en la comprensión qué a más igualdad social, más oportunidades para la gente, superior planeación, menos inestabilidad política, más confianza institucional y menos lugar para la siempre perniciosa improvisación.

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