Pilo no paga

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Desde un comienzo en esta misma columna, expresamos nuestra extrañeza por la eliminación abrupta del programa “Ser pilo paga” sin haberse anunciado de manera inmediata otro que supliera ese importante beneficio para los estudiantes de alto promedio que quisieran ingresar a la universidad, sin contar con los medios económicos para hacerlo.

El Ministerio de Educación de inmediato dijo que estaba terminando de pulir otro nuevo en su reemplazo, y efectivamente más adelante se anunció que el nuevo se llamaría “Generación E” en donde ya no se pagaba por parte del gobierno la totalidad de la matrícula, sino la mitad, y que la otra mitad sería asumirá por los particulares que hicieran donaciones al programa.

Llegado el momento, se le anunció a los beneficiarios que estaban formalmente aceptados y que debían proceder a su comparecencia en las respectivas universidades. Oh sorpresa, que al ir a iniciar su ciclo, se encontraron con que esas universidades los rechazaron porque el Ministerio no canceló los aportes que tenía que hacer.

A todas estas, simplemente se conformaron con anunciarles de que había existido un desfase en la programación de los desembolsos y como no era posible hacerlos, se comprometían a respetar los cupos para el siguiente semestre. Es decir, recibieron un plantón que inmediatamente, como era de esperar, produjo una enorme decepción en los beneficiados, que ya se habían traslado hasta las ciudades donde iniciarían estudios y ya habían adquirido compromisos en sus sitios de alojamiento.

Realmente lo que ha rodeado este nuevo programa, no es otra cosa que la improvisación, pues el anuncio de que ya estaba diseñado el nuevo plan, no resultó ser cierto, y ha producido una enorme afectación en la credibilidad de los beneficiados y en la filosofía del programa mismo.

No nos explicamos por qué las cosas que tienen que ver con la educación flaquean tanto, y siempre terminan en lo mismo, en que los planes trazados no pudieron afinarse y por lo tanto no se pueden cumplir.

La experiencia del Plan Decenal de Educación fue otro insuceso. Se instaló la comisión, se puso a trabajar, y el ministerio no tenía listos los enunciados que se requerían para su visión y misión. Ojalá las acciones por venir sean mucho más claras, y desde luego, bien estructuradas, para evitar esta clase de frustraciones.

* Abogado y miembro de la Academia Colombiana de Historia y de la Real Academia Española de la Historia

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