Fuerza laboral de venezolanos en cúcuta está por medir

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La venezolana Yurleidis Flórez Santamaría, de 37 años, atiende entre 15 y 20 personas al día. Es médica en una clínica de Cúcuta. 

Madre de dos hijos, de 13 y 18 años, dijo que se vio obligada a abandonar su natal Maracaibo en 2016, al quedar desempleada en el centro médico en el que laboraba. “Todos los sueños que tenía se me vinieron a pique en mi país, por eso emigré con mis hijos a Cúcuta, donde me ofrecieron un empleo en lo que yo sé hacer”, dijo.

En los primeros seis meses pudo trabajar con su visa de trabajo, luego, al vencerse su pasaporte, debió acudir al Permiso Especial de Permanencia (PEP) que expide a los inmigrantes venezolanos Migración Colombia. “Esa fue mi salvación, porque con él mi presencia en Colombia es legal”, expresa Yurleidis.

El caso de esta venezolana, que se encuentra en Cúcuta de manera regular, es decir, con el lleno de requisitos, es similar al de otros 30.356 que también poseen PEP, aunque no necesariamente pueden estar empleados.

Ella dice que conoce de otros médicos paisanos suyos que también vinieron a Cúcuta y aún no consiguen engancharse en alguna clínica, pese a ser inmigrantes regulares en el país.

Aunque el sueldo no es malo, gana tres millones ochocientos mil pesos mensuales, Yurleidis se lamenta de no poder aprovechar el diferencial cambiario con la moneda de su país, debido a que debe pagar arriendo y alimentación con precios de Colombia, algo diferente a si trabajara aquí y viviera en San Antonio, como sucede con Roberto San Miguel Suárez, de 32 años, y profesión radiólogo.

“Soy un inmigrante pendular”, describe Suárez: en el día trabajo en Cúcuta y en la noche vengo a dormir a San Antonio.

Ninguna entidad del gobierno, privada o oenegé internacional con presencia en Norte de Santander, tiene cifras concretas de cuántos venezolanos regulares están trabajando en Cúcuta, ni cuántos son inmigrantes pendulares, ni mucho menos cuántos informales copan las calles y parques de la ciudad en actividades varias para ganarse el sustento para sus familias, algunos vendiendo agua, aguacates y mercancías de contrabando.

Solo se conocen las de Migración Colombia, que señalan que son, hasta el 30 de septiembre de 2018, 51.839 venezolanos regulares, es decir, con PEP, los que se quedaron a vivir en Norte, de los cuales 30.356 están en Cúcuta. ¿Y los irregulares? ¿Los que entraron por pasos no autorizados?

Se sabe que son miles, pero nadie los ha contado, dijo Fernando Huertas, representante de una Oenegé nacional que presta servicios de salud a los inmigrantes venezolanos.

Yurleidis señala que casi a diario recibe a paisanos suyos que llegan en busca de atención médica a Cúcuta. En su mayoría viven del lado venezolano en Rubio, San Antonio y Ureña; en el día vienen a vender frutas o mercancías aquí en Cúcuta, pero en la noche regresan a sus casas a dormir.

Lo poco de lo que se tiene una aproximación real está contenido en una investigación sobre la movilidad humana venezolana, realidades y perspectivas de quienes emigran, llevada a cabo en 2018 entre el 9 de abril y el 6 de mayo, por el Servicio Jesuita a Refugiados – Venezuela, junto a otras entidades de Cúcuta.

La investigadora de la Universidad Simón Bolívar, Neida Albornoz, miembro del equipo que estuvo al frente de esta iniciativa y líder del grupo de investigación Altos Estudios en Frontela (Alef), de Colciencias, admitió que el gran problema con que se encontraron al momento de encontrar las cifras sobre la migración venezolana es que ninguna entidad coincide con la estadística, en todas partes es diferente.

Durante el mes que se llevó a cabo la investigación se estudió una muestra de 15.278 venezolanos que están en el país en condición regular. De esta, un 37 por ciento dijo que se quedaba a vivir en Colombia y solo un 0.8 por ciento en Cúcuta.

Al medir el perfil de esta fuerza laboral, Albornoz mencionó que un 70 por ciento son profesionales, algunos con estudios de posgrado, y un 15 por ciento son técnicos.

La investigadora señaló que no todos los profesionales están trabajando en oficios propios de su profesión, debido a que hay mucho subempleo; no obstante, el estudio sí arrojó que la educación y la salud son los sectores en los que más trabajan los venezolanos regulares.

Son tres las causas por las que los venezolanos afirmaron haber salido de su país, pese a que cuando lo hicieron estaban empleados: no lograr vivir con lo que se ganaba, por motivos políticos y por la crisis social (inseguridad).

Albornoz dice que es urgente un nuevo diagnóstico con población venezolana regular e irregular en Cúcuta, para buscar perfiles más reales de su presencia en el país.

De hecho, con solo recorrer la ciudad en cualquier dirección es fácil advertir emprendimientos comerciales de venezolanos, en servicios de estética, peluquería, mercánica, panadería o aseo.

En el barrio Prados del Este, por ejemplo, en una sola cuadra se abrieron cuatro salones de belleza, todos administrados por venezolanos.

También hay ventas de comidas rápidas en todos los barrios de Cúcuta, que llegaron para engrosar los índices de informalidad que tienen a la ciudad en los primeros lugares de este fenómeno en el país, dijo Albornoz.

Quienes ya están aquí admiten que en medio de la crisis en que se encontraban se les abrió una puerta para seguir adelante con sus familias.

La médica Yurleidis no contempla un retorno cercano a su país. Dice que Colombia le abrió los brazos y está muy agradecida porque pudo darles un mejor futuro a sus hijos. “Así mañana se normalice la situación en Venezuela, es claro que pasarán muchos años primero para que mi país vuelva a ser el mismo de antes”.

Remesas, el otro gran impacto

Investigadores de la crisis migratoria que se produce en esta frontera se expresaron optimistas por el impacto que empezará a tener la economía de Cúcuta por cuenta de las remesas que reciben los venezolanos en esta capital.

La investigadora Oneida Albornoz manifestó que esto se dará debido al control cambiario que este año implementó Venezuela, y que no le permite al venezolano recibir la remesa que le envían de otros países en su ciudad de origen.

Esto produjo un peregrinaje desde todos los municipios venezolanos hacia Cúcuta en busca de las remesas. “Lo más importante es que los dólares los reclaman en Cúcuta y los están consumiendo aquí mismo, porque en el vecino país no se encuentra nada”, dice la investigadora.

Las inversiones que se hacen con esas remesas son principalmente en alimentos, medicamentos, repuestos para vehículos y maquinaria.

Esto, sin lugar a dudas, va a tener un impacto importante en el Producto Interno Bruto del país, dijo Albornoz.

Cálculos de expertos cucuteños en cambio de divisas estiman que se envían a Venezuela aproximadamente en cada transacción una media de entre $75 y $100 dólares. En 2017 se movieron en remesas para venezolanos entre 1.200 y 1.500 millones de dólares. Estas cifras pudieron haberse incrementado en un 50 por ciento durante 2018 y se estima que para 2019, debido al control cambiario que impusó el gobierno de Caracas, siga aumentando, dijeron los expertos.

CÚCUTA (La Opinión).

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