Europa: un escenario de grises sobre Venezuela

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Protestas de venezolanos el fin de semana en Madrid, exigiendo una posición más dura de la UE contra el régimen de Nicolás Maduro.

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La Unión Europea (UE) no habló como bloque continental para rechazar el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, pero los pronunciamientos de quienes la integran llegaron ayer al unísono para seguir jugando el ajedrez geopolítico y de la diplomacia entorno a la situación del vecino país.

Juan Guaidó –quien fue juramentado como presidente interino ante la Asamblea Nacional, ha legitimado su eventual gobierno mediante cabildos abiertos y ahora cuenta con el respaldo de gran parte de la comunidad internacional– recibió el apoyo de 19 de los 28 estados que conforman la UE.

España, Portugal, Alemania, Reino Unido, Dinamarca, Holanda, Francia, Hungría, Austria, Finlandia, Bélgica, Luxemburgo, República Checa, Letonia, Lituania, Estonia, Polonia, Suecia y Croacia se sumaron a doce de los catorce países del Grupo de Lima, Canadá y Estados Unidos, quienes han respaldado al líder opositor (ver gráfico).

Reconocer un gobierno es un elemento que pertenece a la libertad de los estados, mas no a una política común europea. Por este motivo, Nicolás Carrillo, PhD en derecho internacional y profesor de la Universidad de la Sabana, explica que estos “han dado prioridad a una noción de legitimidad de representación del gobierno frente al factor de quién tiene el poder efectivo”.

Su decisión, según señalaron los estados, se debe a que Maduro no puso en marcha el proceso electoral que le había requerido el 26 de enero la vicepresidenta de la Comisión Europea, Federica Mogherini, en un comunicado en nombre de los miembros de la UE.

 

Una reacción tardía

Pero que unos estados de la UE reconozcan a Guaidó está lejos de ser una posición de liderazgo en la comunidad internacional. El espaldarazo al presidente interino llegó casi dos semanas después del resto de pronunciamientos de los jefes de Estado del mundo. Además, antes de decir a cuál presidente apoyarían, su posición fue poco arriesgada, reduciéndola a una petición a Maduro para que convocara a elecciones en un plazo máximo de diez días.

Bastaron un par de horas para que el régimen rechazara ese llamado de la UE, pero fueron necesarios días para que los estados de la comunidad europea se pronunciaran nuevamente. “Es una ambivalencia, una debilidad de los europeos, no tanto de la UE, para la defensa de los valores que se supone son la base de su civilización y que están sacrificando por una diplomacia mal entendida”, aseguró Javier Garay, profesor de relaciones internacionales de la Universidad Externado.

Desde Europa, Venezuela está ante una presión intermedia: quienes mantienen su neutralidad (Italia o Suiza), aquellos que reconocen a Guaidó, y aquel país que se mantiene junto al régimen de Maduro: Rusia.

Para el internacionalista y profesor de la Universidad del Rosario, Enrique Serrano, “la presión dura es un juego político que se ha montado desde Estados Unidos” y al hablar de la relación con Europa, en lugar de referirse a una presión blanda o dura, se debe hablar solo de “presión internacional”. Además, señala que el país con mayor liderazgo en este asunto ha sido Colombia.

Entonces, aunque hay un consenso mayoritario en el continente europeo, sus pronunciamientos sobre Venezuela siguen siendo un escenario de contrastes que no comprometen a la Unión como comunidad, sino a cada Estado. Entre tanto, Guaidó, el presidente interino, agradeció el respaldo de estas 19 naciones.

Y Maduro, cada vez más aislado, llamó a los gobiernos a un “rechazo a las virulentas amenazas que hace Donald Trump”, ya que asegura que Estados Unidos está liderando a la comunidad internacional para dar un golpe de Estado en su contra.

El Colombiano

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