Los paradigmas de la corrupción en Colombia

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Todo el mundo en Colombia habla que la corrupción se tomó todos los niveles de la administración pública y no se salva de este paradigma ninguna de las ramas del poder público, hoy la gente no cree en los jueces llámense magistrados o jueces, en cualquiera de los niveles de competencia que estos tienen dentro de la organización de la Rama, y mucho menos creen en los congresistas.

No podemos negar que la corrupción corroe hoy a nuestro país, afectando tanto al sector público como al privado, lo malo de esto, es que cuando se habla de corrupción, la limitan al tema del dinero, a las coimas que dan o se reciben para realizar una actividad administrativa, judicial o legislativa. Olvidando que el concepto de corrupción, va más allá del relativo al dinero mal habido, hay conductas de servidores públicos que también son corruptas y nada tienen que ver con el recibir o dar plata, como la de cambiar decisiones producto del llamado lobby inapropiado, el ofrecimiento y aceptación de sobornos o toma de medidas por sentimientos de afecto o animadversión, la malversación de fondos por la toma de malas determinaciones o por favorecimiento a familiares o amigos políticos, el tráfico de influencia, el favoritismo, no declararse impedido cuando se presentan conflictos de intereses, todas conductas tipificadas en nuestro Código Penal y en el Disciplinario que estamos estrenando.

Las conductas anteriores, son del diario ocurrir en nuestra sociedad, sin que sean tachadas de corruptas por la mayoría de la gente, sabiendo que todo esto surge por la financiación de campañas políticas con dinero mal habidos o por contratista que llevan un interés por delante, lo que ha desembocado en que algunos servidores públicos, como gobernadores o alcaldes, tengan que acudir al pago de las obligaciones contraídas en la financiación de su campañas, mediante el favorecimiento de la contratación pública

Son muchas las causas y razones que nos tienen sumidos en este laberintos de la corrupción, del cual aún no encontramos la salida, pero esta, puede comenzar si aprovechamos las elecciones de octubre para seleccionar con nuestro voto, a gobernadores o gobernadoras,  alcaldesas o alcaldes, que tengan una hoja de servicio limpia y que cuenten con las competencias necesarias para administrar la cosa pública.

La corrupción, ha llevado a que grupos políticos o familiares, pretendan perpetuarse en el poder, pues este, les ha otorgado además del manejo gubernamental, la abundancia de recursos económicos producto del ejercicio del gobierno.

La palabra la tienen los electores, son los que pueden elegir a la persona que consideren con mejores atributos morales, académicos y de experiencia para desempeñarse como administrador de los dineros públicos, que son de todos los que contribuimos con los impuestos a que las arcas públicas se llenen.

La perpetuación en el poder, sea de izquierda, de derecha o de centro, es propensa a la corruptela, no permitamos que la práctica de “ahora gobierno yo y después vienes tú, y enseguida tú te quitas y me pones a mí nuevamente y así sucesivamente”.

¿Sabes qué? El poder del voto, cuando se ejerce libre, espontáneo, sin ataduras y en base a criterios que te indiquen que estas seleccionando al mejor o a la mejor candidata, no tiene límites en tu decisión.

*Catedrático universitario

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