Aquellos tiempos

216
[themoneytizer id=”22300-1″]

Cuando nos graduábamos del colegio pensábamos que todo era factible, nos sentíamos dueños de nuevas perspectivas, mientras nos preparábamos para asumir con entusiasmo, responsabilidad y decisión el nuevo rol que habíamos escogido para crecer en otros espacios del conocimiento y augurarnos un buen futuro.

Un mundo de expectativas nos esperaba y un espejismo de ilusiones colmaba aquellos tiempos, como si todo estuviera a nuestro alcance y fuéramos capaces de soportarlo todo. Era el final de una era que, al fin y al cabo y después de desprendernos físicamente de ella, nos permitiría superar ciertos límites y alcanzar otros objetivos que nos habíamos propuesto.

Eran aquellos tiempos de los años 70, en que soñábamos con asegurarnos una buena profesión, mientras el país estaba despertando del letargo democrático pactado por el Frente Nacional que, a la vez, por exclusión, activó más la vida política de la nación, que, aunque fue un remedio a la violencia bipartidista de las décadas anteriores, las enfermedades fueron peores, como la violencia social, represión, corrupción, un país confundido y un pueblo desilusionado.

Sin embargo, aquellos tiempos de la década de los 70 fueron muy prolíficos y recargados de elementos que representaron una conciencia más abierta, más ecológica y una filosofía de cambio, de hacer el amor y no la guerra, de vivir en paz con la naturaleza y de ver el mundo con una óptica muy diferente a la de políticos y militares, mientras que los diseñadores interpretaban un estilo ligado a los movimientos musicales de protesta y a un papel más activo de la mujer, que eran utilizados como una corriente de moda de aquella época.

Es así como los Liceístas de la Promoción del 71, en un nuevo reencuentro, además de querer revivir la maravillosa experiencia colegial y recordar anécdotas e historias juveniles, nos concentramos para hacer de la nostalgia de aquellos tiempos un brindis por la generosidad que nos ha deparado la vida, para refrendar la amistad y de compartir con ese pasado que sigue vivo en nuestra memoria y en los corazones de cada uno de los protagonistas que tuvimos la dicha de vivirlos, hasta el punto, de comparar la esperanza de una vida mejor con la añoranza de esos tiempos que se han ido, como también se nos escapa de las manos el más anhelado futuro.

Con el avance cronológico de la vida, lamentamos los días que se van, pero a la vez, gracias a la experiencia y los tiempos vividos, vamos asumiendo cada nueva fase con mayor serenidad, juicio y madurez, en ese nuevo estado del espíritu humano que nos permite forjar el ánimo y estimular nuestra fe en las maravillosas promesas de nuestro Creador.

[themoneytizer id=”22300-28″]
También podría gustarte