Patatas en el menú de un concurso de cocina en Corea del Norte

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En un restaurante estatal de Pyongyang, cientos de chefs norcoreanos se esmeran en los montajes de los platos durante un concurso nacional de cocina en un país que sufre penurias alimentarias crónicas.

Han preparado unos samsaek gaepitok (tortas de arroz rellenas con una masa de alubia negra o roja), yak kwa (galletas de trigo frito glaseadas con miel) y calabacines rellenos. Lo que cuenta es la precisión.

Durante tres días, unos 300 chefs, en su mayoría mujeres, realizan 40 platos distintos. Los ganadores se llevan como premio libros de recetas, material culinario, medallas y diplomas.

Muchos curiosos acudieron a este restaurante sin calefacción para verlo en directo. Iban vestidos con abrigos y algunos filmaron a los concursantes con su teléfono móvil.

“La comida norcoreana es excelente porque se caracteriza por sabores frescos y nítidos, sin impresión de mezcla”, dice el juez Han Jong Guk, de profesión pastelero.

“Por ejemplo, un plato de pescado sabe a pescado de verdad, el pollo a pollo. Es la principal característica de la comida coreana”.

Pero la realidad es que fuera del restaurante y de la vida privilegiada de los habitantes de la capital, Corea del Norte es incapaz de alimentar correctamente a la población.

Antes de su segunda cumbre con el dirigente norcoreano Kim Jong Un, prevista a finales de febrero en Vietnam, el presidente estadounidense Donald Trump dejó entrever la posibilidad de que este país hermético se convierta en potencia económica si se alcanza un acuerdo sobre su arsenal nuclear.

Déficit de un millón de toneladas

La hambruna de los años 1990, llamada la “Marcha Ardua”, que causó cientos de miles de muertos, es agua pasada. Pero el rendimiento agrícola sigue siendo muy inferior al promedio mundial y muchos habitantes están desnutridos.

“La inseguridad alimentaria crónica y la desnutrición son considerables”, escribió esta semana la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en su documento de 2019 “Necesidades y prioridades”.

Alrededor del 43% de los 10,9 millones de norcoreanos se ven afectados por la inseguridad alimentaria, un tercio de los niños no tienen el mínimo de comida necesario y uno de cada cinco niños padece retraso en el crecimiento debido a una desnutrición crónica, agrega la FAO.

“Cada año la producción norcoreana de alimentos es inferior a las necesidades en aproximadamente un millón de toneladas”.

Se debe en parte al déficit de superficie cultivable (parte del país es montañoso), a las catástrofes naturales y a la ausencia de las técnicas y abono de la agricultura moderna.

Kim Jong Un encontró la solución: las patatas.

A diferencia de los arrozales inundados de agua, los campos de patatas no necesitan ser horizontales. Las autoridades quieren que se conviertan en un producto básico.

Kim visitó varias veces una fábrica de copos de patata. El año pasado fue fotografiado sentado sobre un montón de tubérculos junto a otros altos cargos.

Según la agencia oficial KCNA, Kim explicó que los norcoreanos tienen que ser informados de las “ventajas y de la eficacia” de esta hortaliza. “Los métodos para preparar distintos platos a base de copos de patata deben difundirse ampliamente”.

Patatas fritas

El concurso nacional de cocina también es una manera de promocionar este tubérculo.

En una de las salas, unas mesas crujen por el peso de los platos elaborados a base de copos de patata: pizzas, fideos e incluso pastel de chocolate.

Kim Kum Hun, organizador del concurso y miembro del comité central de la Asociación de Cocineros coreanos, reconoce que su plato preferido es el bistec pero no desprecia a la patata.

“El arroz es por supuesto nuestro principal alimento pero el pan y los copos de patata también pueden convertirse en productos básicos”, declara a la AFP.

Una hectárea produce 20 toneladas de patatas, contra menos de 10 toneladas de arroz.

Los tubérculos también son más rentables una vez convertidos en harina, lo que supone un aliciente para los productores y empresarios en un momento en que Kim entreabre la economóa al mercado.

Pyongyang se ve sometido a múltiples sanciones debido a sus programas nuclear y balístico prohibidos. Alardea de ser autosuficiente.

Al organizador no le parece relevante el hecho de que el concurso se celebre en un país abrumado por las penurias porque -dice- el socialismo acabará triunfando.

“Aquellos que se sorprenden de ver aquí un festival de cocina no conocen bien a nuestro pueblo. Aunque sufrimos sanciones y no tenemos arroz, nuestras vidas no se ven afectadas. Vivimos gracias al poder de la autosuficiencia”.

 

AFP

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