La neutralidad activa del Vaticano

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Se ha recibido con extrañeza la declaración del Vaticano en el sentido de que su posición frente a la crisis que se vive en Venezuela es de “neutralidad activa”. La neutralidad del Estado Vaticano viene del Tratado de Letrán que le dio la condición de organización estatal y, desde entonces, ha mantenido esa posición en los conflictos armados internacionales, que no es el que afronta Venezuela.

Recordemos que la excesiva discreción de Pio XII frente al nazismo de Hitler al no condenar de manera enérgica el genocidio contra los judíos, ha producido controversia a lo largo de los años. Lo propio puede decirse de la prudencia que mantuvo con Mussolini, quien negoció el Tratado de Letrán con la jerarquía de la Iglesia después de 60 años de tensiones con la eliminación de los Estados pontificios y la unificación de Italia.

En lo que respecta al régimen autoritario que se instaló en Venezuela, el Vaticano ha jugado un papel de mediador, pero el dramático panorama de derechos humanos y el eclipse de las libertades públicas en el hermano país lo obliga a solidarizarse más con los venezolanos que sufren, con las víctimas de la violencia estatal, de los que padecen la injusticia. Agotados los buenos oficios del Vaticano en su tarea de mediación con representantes del gobierno y la oposición, ya no debería invocar más la doctrina de la “neutralidad activa”. Se espera que juegue un papel más activo en la crisis de Venezuela como el de Juan Pablo II en el derrumbe del régimen polaco de la época.

El Papa no es un jefe de Estado al estilo tradicional como los que actúan defendiendo el interés de su país en la geopolítica mundial. El magisterio moral que ejercen los Papas los ha convertido en la conciencia moral de la humanidad. Por ello denuncian los atentados contra la dignidad humana y la violación de los derechos ciudadanos en donde se estén presentando, como es la realidad que se vive en Venezuela. Además, la posición del clero en el vecino país no puede ser de denuncia y la del Vaticano un poco más neutral. No podemos olvidar los vejámenes del régimen chavista contra los prelados de la iglesia en su territorio.

Lo último que se le ocurrió al decadente régimen madurista es no dejar ingresar a territorio venezolano la ayuda humanitaria. Esa conducta es sancionada por el Estatuto de la C.P.I.

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