23 F: la estrategia de Guaidó para el cambio

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Hoy Venezuela cumple un mes de tener dos presidentes: Nicolás Maduro, el mandatario de facto, y Juan Guaidó, presidente interino, quien se trazó la meta de liderar la transición de los 20 años del chavismo a un nuevo sistema democrático. Para sellar esta conmemoración, la oposición contempló una estrategia y le dio al régimen una fecha límite: 23 de febrero, el día que entraría la ayuda humanitaria al país, que hasta el momento del cierre de esta edición estaba varada en la frontera entre Colombia y Venezuela, en el puente internacional Tienditas.

Con apenas un mes como presidente interino y sin tener aún potestad de ejercer todas las funciones como gobernante, Guaidó está fortalecido ante la comunidad internacional: más de 50 Estados lo reconocen como cabeza de Venezuela, entre estas naciones con protagonismo en la diplomacia mundial como:Estados Unidos, Alemania y Francia; consiguió declarar embajadores y congelar las cuentas bancarias de sus adversarios, y la movida más trascendental hasta la fecha: el envío de ayuda humanitaria, que ratificó su respaldo político.

Y como ocurrió durante su primer mes como presidente, hoy el político de 35 años, perteneciente al partido Voluntad Popular, está ad portas de salir aún más fuerte. “Es una fecha en la que el punto de inflexión será determinante, y puede quedar en la historia de Venezuela”, asegura César Niño, profesor de relaciones internacionales de la Universidad Sergio Arboleda.

Sin embargo, también es el plazo límite que tenía para convocar a elecciones, pues según el artículo 33 de la Constitución este debe llamar a unos comicios en un plazo máximo de 30 días. “Fue una estrategia que él se ideó para desviar la atención frente al hecho de que se cumplía un mes y evidentemente no se pudo convocar a elecciones. Ahora pone la discusión en dos planos: la crisis humanitaria y que el gobierno no garantiza que entre esa ayuda”, asegura Martha Lucía Márquez directora del Instituto Pensar de la Universidad Javeriana.

Han pasado 54 días del 2019 y el país suma tres puntos de inflexión: la autoproclamación de Maduro el 10 de enero, quien se juramentó ante un Tribunal Superior con magistrados chavistas que él mismo eligió y tras haber ganado unos comicios (de mayo de 2018) que son considerados como ilegítimos por la comunidad internacional y la oposición; el 23 de enero, cuando Guaidó tomó posesión ante la Asamblea Nacional –única institución del país reconocida como legítima en el ámbito internacional– y el pueblo. Y este 23 de febrero, cuando la oposición cerca al régimen con aviones cargados de alimentos, medicinas y fronteras colmadas de gente dispuesta a cargar estas mercancías por sus propios medios.

Los escenarios del 23

Mientras las Fuerzas Armadas de Venezuela resguardan su lado de la frontera, el pueblo está al lado colombiano, intentando atravesar el puente Tienditas, desarmado y con el deseo de que la ayuda humanitaria cruce el límite.

Para Luis Vicente León, presidente de Datanálisis y profesor de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas, “el 23 es una batalla de esa guerra que la oposición ha colocado de manera planificada para poner en aprietos al adversario”, una disputa que “tiene bastante ganada porque casi todos los escenarios son malos para el gobierno”. Para los analistas las posibilidades que deja este 23 de enero son tres.

La primera es que la ayuda humanitaria entre de manera pacífica, lo que significaría una aceptación del régimen a la escasez que vive el país y un triunfo para Guaidó. Sin embargo, aún no está claro cómo la oposición planea cruzar una frontera militarizada.

El segundo es que la ayuda se quede en el lado colombiano y no exista ningún tipo de confrontación. El tercero y más preocupante es que las Fuerzas Armadas de Venezuela ataquen la caravana que pretende ingresar con la ayuda y se presente una respuesta del lado colombiano o de Estados Unidos, como países aliado de Guaidó. En estos dos últimos casos, el presidente interino también saldría fortalecido y la imagen del régimen en la comunidad internacional decaería aún más: la de un presidente que tiene a su país en crisis y no deja entrar ayuda humanitaria.

Sin embargo, “lo que se convertiría en el golpe que derribe el castillo de naipes de Venezuela sería una acción militar que costase la vida de civiles”, asegura Enrique Serrano, internacionalista y profesor de la Universidad del Rosario. Serrano se refirió al discurso desafiante que dio esta semana Diosdado Cabello, uno de los chavistas más reconocidos y ahora presidente de la Asamblea Nacional Constituyente –organismo que creó Maduro de manera unilateral para reformar la Carta Magna– en el que Cabello aseguró estar dispuesto a todo para evitar una “invasión militar”.

El experto aseguró que “hoy Estados Unidos tiene posibilidades variadas de localizar y de afectar a cualquier objetivo en Venezuela”.

El “no” a la salida armada

Usar las Fuerzas Armadas para resolver la crisis venezolana fue una amenaza tácita al comienzo de la crisis política que se convirtió en un discurso directo en las últimas semanas a través de los apuntes del asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Bolton, de “5 mil tropas la frontera”, y del llamado del almirante Craig Faller, jefe del Comando Sur de Estados Unidos de que “los militares venezolanos serán responsables de sus acciones. Hagan lo correcto. Salven a la gente en su país”.

Pero una incursión militar implicaría vidas de civiles, una profundización de la crisis y un conflicto que no se sabe cuándo acabaría. Rocío San Miguel, presidenta de la organización Control Ciudadano, hace hincapié en que un enfrentamiento militar en la frontera es lo peor que puede pasar para Venezuela hoy. “Está dentro de los escenarios, desde una confrontación entre ambos países hasta una doméstica al interior de Venezuela, pero esperemos que no sea así, no es la salida y deben visualisarse otras medidas”, dijo la analista.

San Miguel asegura que Tendría una escalada “indeseable” con enormes daños para ambos países, “lo más doloroso de todos los escenarios”. Pero el discurso violento se volvió un común para el caso venezolano. Por eso José Porras, teniente coronel (r) asegura, desde el exilio, que las Fuerzas Armadas de Venezuela están pensando en un enfrentamiento debido a las tropas que han desplegado.

El desenlace de este día aún es un interrogante. Solo están claras dos cosas: que una parte de Venezuela está tocando la puerta del Palacio de Miraflores para pedir un cambio y la otra, al lado opuesto, se niega –por ahora– a abrirla.

El Colombiano

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