La diplomacia no alcanza y la guerra no es una opción

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Representantes de los gobiernos de Colombia, Estados Unidos, Venezuela, Panamá, entre otros, en reunión del Grupo de Lima.

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La reunión de ministros de Relaciones Exteriores del Grupo de Lima que se desarrolló ayer en Bogotá tuvo dos presencias claves: la de Mike Pence, vicepresidente de Estados Unidos, quien viajó para validar la sentencia de su país a la “dictadura de Maduro”; y la de Juan Guaidó, presidente interino de Venezuela, reconocido como legítimo por 54 estados y la Organización de Estados Americanos (OEA).

Este encuentro ratificó la apuesta por lograr una salida pacífica a la crisis de Venezuela por parte del Grupo de Lima y la confirmación del gobierno norteamericano de que para Donald Trump “todas las opciones” siguen sobre la mesa. Dos visiones contrarias, pero con un interés común en lograr la transición de Venezuela, que se sentaron en la misma sala para exponer sus visiones de la ruta de salida de la crisis venezolana.

 

El balance de la cumbre

Durante la reunión cada Estado presentó su ponencia respecto a la situación del país. En estas intervenciones, el mensaje inicial del viceministro de Relaciones Exteriores de Perú, Hugo de Zela, en el que aseguró que el Grupo está buscando “una solución pacífica”, se desvaneció con el anuncio de Pence quien, en nombre del gobierno norteamericano, mantuvo el horizonte de una respuesta armada para conseguir el fin del mandato de Maduro: “Esperamos una transición pacífica hacia la democracia. Pero el presidente Trump lo ha dejado claro: ‘Todas las opciones están sobre la mesa’”, e indicó que “EE. UU. responderá en caso de agresión a Colombia”.

El encuentro transcurrió con el presidente Iván Duque a la cabeza y Pence, el segundo hombre más poderoso de Estados Unidos, sentado junto a Guaidó. Al final, el Grupo ratificó sus compromisos hacia Venezuela: condenó las acciones del régimen, expresó su solidaridad con el pueblo, denunció –nuevamente– la ilegitimidad de Maduro, impulsó la designación por parte del Consejo de Derechos Humanos de la ONU de un experto independiente para tratar el asunto y manifestó el carácter irreversible de su compromiso en favor de la transición democrática.

Además, reiteró su llamado a todos los integrantes de la Fuerza Armada Nacional y a los miembros del Poder Judicial y el Sistema de Justicia a reconocer a Guaidó como presidente e instó a la comunidad internacional a seguir reconociendo a Guaidó como mandatario y facilitar la transición. Entre las conclusiones, resaltó el llamado a que la Corte Penal Internacional “tome en consideración la grave situación humanitaria en Venezuela, la violencia criminal del régimen de Nicolás Maduro en contra de la población civil y la denegación del acceso a la asistencia internacional, que constituyen un crimen de lesa humanidad”.

Para César Niño, profesor de relaciones internacionales de la Universidad Sergio Arboleda, este encuentro “refleja una clara intención que eleva la preocupación como una alerta naranja, casi que roja, sobre los sucesos en Venezuela”. Niño hace hincapié en que, a pesar de lo que se especula sobre la posible intervención militar, el Grupo aboga por la solución pacífica y diplomática, respetando el derecho internacional.

 

¿Diplomacia efectiva?

Sin embargo, se trata de una instancia cuyas decisiones solo tienen efecto directo en los estados que la integran: son estos los que implementan las acciones del cerco diplomático y el aislamiento económico e invitan a otros a sumarse. “El Grupo de Lima no tiene más poder que el de planear y llevar a cabo unas acciones de diplomacia coercitiva, en el sentido de que puede llevar dentro de las respectivas competencias estatales restricciones de naturaleza comercial o financiera contra Venezuela por las violaciones a los derechos humanos”, indica Ricardo Gil Barrera, profesor de derecho de la Universidad de Medellín.

Pero, ¿alcanzan para incomodar al régimen? El profesor de la facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Nacional, Mauricio Reyes, explica que sus decisiones afectan a Maduro en la medida que hay una voluntad política de ir más allá respecto al régimen. “No es una cuestión matemática con un resultado concreto, sino que depende del interés que tengan los estados en comprometerse con el gobierno de Guaidó y terminar con el de Maduro”, señala Reyes.

Hasta el momento, la diplomacia se convirtió en hechos al punto de que el reconocimiento a Guaidó comenzó en Estados Unidos, Colombia, otros países del Grupo y terminó permeando a otras 54 naciones que aceptaron la invitación de sumarse a su eventual mandato. Pero, ni en el Grupo de Lima ni en Estados Unidos está la última palabra.

Aunque el cerco continúe y los activos se congelen, Maduro sigue teniendo de su lado a los militares y son estos los que lo mantienen en el Palacio de Miraflores. Por eso, para Aldo Olano, PhD en estudios latinoamericanos y docente de la Universidad Externado, “no está claro hasta dónde podrá resistir Maduro. De repente, en un momento dado, puede haber una respuesta militar”.

Los aliados de Guaidó sellaron un pacto más que se queda en sus dos únicos rangos de acción: la diplomacia y el cerco. Sus resultados dependen del compromiso de los estados miembros y qué tan lejos llegue Estados Unidos para conseguir la transición

El Colombiano

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