Por una verdadera justicia

Vivimos en un régimen político que concentra de tal forma el poder, hasta el punto de impactar en alto grado la política, lo social, lo económico y la justicia en alto grado, si se quiere, al obedecer y aparecer en ello las lealtades personales y las concepciones políticas, que hacen que los funcionarios judiciales funjan inclusive inconscientemente más como operadores políticos que como servidores  de la sociedad, haciéndose imposible alcanzar una real justicia y terminar con la impunidad.

Más aún, esa dependencia política posibilita que el aparato de justicia se utilice irregularmente, viéndose  favorecidos intereses de esa índole, impidiendo de esta manera que funcione en su integridad y, con ello, se den pasos serios en el combate a la impunidad .

La administración de justicia requiere personas de probada honradez, con clara independencia y autonomía respecto a cualquier interés de carácter partidario, puesto que la independencia y la autonomía son imperativas para alcanzar una genuina y eficaz justicia.

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La justicia debe y tiene que ser un todo prístino y tener esa naturaleza es parte de su razón de ser, ya que todo se resume en la idea que hace depender la legalidad y la legitimación de las instituciones estatales en función de la protección de la vida, honra y bienes de los miembros de la sociedad; de ahí que la función judicial sólo será válida en la medida en la que pueda servir y proteger a los ciudadanos, garantizando los derechos fundamentales, haciendo efectiva oficiosamente el recurso extraordinario de casación, que en materia penal se está convirtiendo en la práctica en inoperante, ante los continuos rechazos de las demandas de ese orden, con justificaciones débiles en múltiples oportunidades.

De la misma manera, la justicia debe hallarse inmersa en la ética y la moral, importantes y sustanciales elementos de elevada referencia e injerencia en la vida jurídica por ser necesarios para su óptimo desempeño, lo mismo que útil, referente igualmente para la preservación de todo el sistema legal y para tener la confianza de la población. Si realmente queremos un verdadero cambio en la justicia, tenemos que partir de un adecuado bagaje de conocimientos y sólida autocrítica, aunada a una genuina reforma cultural que vaya más allá de lo jurídico y preguntarnos donde está la falencia como personas y funcionarios. Manos a la obra. [email protected] com     *Jurista