Democracia y razón

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Hay consenso universal respecto que una democracia real requiere ciudadanos críticos y una oposición al gobierno sin que interese su alta escala de aceptación, debiendo en consecuencia tener cuidado los opositores de no competir con los gobernantes favorecidos por la mayoría en ningún plano, y menos en el de las emociones, donde normalmente son ganadores, toda vez que han triunfado por ir contra lo percibido como inútil para hacer frente, entre otros asuntos, a la crisis de inseguridad, incredulidad, corrupción, haberse subido a la ola de indignación y presentarse como alternativa al estado de cosas que se vive.

Sabemos que los gobernantes en su afán de mostrar una imagen diferente se “deslindan” de lo “tradicional” e incluso de cosas que, desde una reflexión fría, serena, pudiesen ser vistas como positivas y hasta hacen promesas que no tienen bases reales para ser aplicadas, lo mismo que apelan al lado sentimental del elector. Recurren al populismo y al nacionalismo que en otras latitudes han tenido éxito en las urnas porque logran, con argumentos baladíes, clavar en la mente de los electores a presuntos enemigos de sus intereses y ser los poseedores de soluciones mágicas para deshacerse de sus problemas.

Definitivamente ganan porque conquistan prima instancia las redes sociales, donde sus peroratas caminan sin cuestionamientos reales y ganan así adeptos fácil y rápidamente. Las redes sociales son un gran canal de conversación, participación pública, control y denuncia, pero de ahí a darle credibilidad a lo que cualquier ciudadano publica en ellas, y otorgar a los ciudadanos la competencia de vigilar al poder e informar sobre los temas de interés público, es tanto como confiar en cualquier persona la capacidad de intervenir en una operación quirúrgica.

Qué debe imponerse entonces?. Construir una democracia soportada en la razón, no en el sentimentalismo. Nunca polarizar, puesto que en nada conviene alos intereses superiores de la colectividad; y, mal haría la oposición si utilizase los mismos instrumentos de quienes detentan el poder. A lossentimentalismos los contrarresta la razón, misma que hace ceder, especialmente cuando es bien documentada, lo que lleva a generar algo de equilibrio en el mapa político y mucho de dignidad.

Nos queda como tarea reforzar la democracia, fortalecerla, corregir las desviaciones o problemas que hayan podido producirse en la delegación de las funciones políticas y de información. Potenciarla restaurando los mecanismos de representación, el debate político, someter a exigencias éticas a nuestros representantes públicos, organismos e instituciones que intervienen en la esfera pública, así como a los medios todos de comunicación y difusión. La esencia de la democracia no es rifar la vida pública, ni un forcejeo basado en emociones. Lo que la democracia pretende es desterrar la arbitrariedad de la vida pública, sometiendo el gobierno de todos al ejercicio crítico de la inteligencia y el conocimiento. No puede haber democracia sin razón, y no hay razón sin democracia. Entendamos esto y estaremos salvados. [email protected],.com

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