Santos lanza  libro ‘La batalla por la paz’

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El expresidente Juan Manuel Santos dijo que “llamarme traidor fue una estrategia muy bien elaborada para minar mi liderazgo”. Esta es la portada del libro.

Se trata de un relato cuajado de detalles, anécdotas y confidencias sobre las negociaciones con las Farc e infidencias sobre conversaciones con sus archienemigos

 El escenario político se mantiene a la expectativa por el lanzamiento del libro ‘La batalla por la  paz’ del expresidente Juan Manuel, este martes en Madrid, España. Este fin de semana se han conocido apartes de la publicación que han generado todo tipo de discusiones, y en particular enfrentamientos con el uribismo.

Uno de los primeros en reaccionar fue el senador Álvaro Uribe Vélez, quien luego de que Santos afirmara en entrevista con periódico El País de España, que llamarlo traidor fue una estrategia “muy bien elaborada” para minar su liderazgo, aseguró de manera irónica que tiene razón. “El tema no fue propiamente traición que refiere a personas en particular, aunque ha sido su motor de vida, pero digamos que el tema fue engaño a millones a quienes nos prometió todo lo contrario de lo que hizo”.

El expresidente Santos también dijo que no hubo ninguna traición, sino todo lo contrario, porque argumenta haber sido consecuente con lo que se había querido hacer desde hace muchísimo tiempo. Sin embargo, Uribe se mostró en desacuerdo a través de su cuenta en la red social.

Otro de los disgustos que ha generado el texto está relacionado con la afirmación que hace Santos en su libro en la que dice que José Obdulio Gaviria le pidió que interceptara las comunicaciones de la exsenadora Piedad Córdoba. “Me negué rotundamente, le pedí que nunca me hiciera ese tipo de solicitudes, y jamás me volvió a repetir la petición. Tal vez fue por eso que usaron el DAS y no la inteligencia militar para las chuzadas [escuchas ilegales] que luego saldrían a la luz”, agrega el Nobel de Paz.

Gaviria salió en su defensa y señaló que Santos es el hombre de la política colombiana más mentiroso, quien solo se dedicó a utilizar la imagen favorable del expresidente Uribe para llegar a la Presidencia porque nunca tuvo el liderazgo para llegar por su cuenta.

“Uribe había organizado que lo esperaran los periodistas a la salida de la visita, y allí declaró que había expuesto con firmeza sus convicciones ante el Papa y que el presidente Santos no había cedido en su posición. Pero no se trataba de eso, no se trataba de convertir al Papa en un árbitro sobre las divergencias respecto al Acuerdo de Paz, sino de buscar un acercamiento hacia el futuro que disminuyera esa polarización que tanto daño le hace al país. Tristemente, ese encuentro tan singular, que hubiera podido ser de inmensa utilidad, fue un fracaso”,  es otro de los partes que también ha generado todo tipo de controversias.

El libro será lanzado este martes en Madrid (España) y el próximo primero de Mayo en Colombia dentro de la Feria Internacional del Libro de Bogotá. Se espera que allí el Nobel de Paz revele detalles, hasta ahora desconocidos, de lo que fue el Acuerdo de Paz con las Farc.

Estos son algunos de los fragmentos de la entrevista que el expresidente colombiano concedió a El País de España:

Un lunes de este mes de marzo, sentados en la sede de su Fundación Compaz, en Bogotá, para hablar del libro, le pregunto a Santos si se arrepiente de haber convocado ese referendo, al que se comprometió políticamente cuando anunció el comienzo de las negociaciones.

–Me arrepiento. Es decir, ya mirando retrospectivamente se hubieran podido perfectamente utilizar los procedimientos normales. Inclusive, le voy a dar..

–Perdón, presidente, en un tema de este calibre no hay precedentes normales…

–Los precedentes normales para ratificar un acuerdo de paz, que son los que establece la Constitución. Hasta la propia Corte Suprema estaba dispuesta a decir: “El referendo no va”, pero yo me empeciné. Había sido una promesa [al pueblo colombiano] y estaba absolutamente convencido de que ganaría; porfortuna, la Corte Constitucional dejó un camino jurídico ante la eventualidad de que se perdiera, y eso fue lo que nos salvó. Pero al mismo tiempo no me sentí mal cumpliendo con una promesa. Tengo ese conflicto y…

–Y no lo ha superado.

–No, porque fui… la gente dice que fui testarudo, que fui soberbio en ese sentido. Puede que tengan razón. Pero cumplí con mi promesa.

El libro está cuajado de revelaciones sorprendentes, y su lectura proporcionará material de primera mano al futuro historiador. Pero en otro orden de cosas me recuerda, le digo a Santos, al número The Room Where it Happens, del musical Hamilton, en el que un personaje, Aaron Burr, se queja con amargura de no poder saber qué se está decidiendo en una importante reunión, en otra habitación, entre el propio Hamilton, Jefferson y Madison (spoiler: se acordó que la capital, Washington, estaría en el sur). Santos ha visto Hamilton, naturalmente, como el gran aficionado a las biografías de mandatarios estadounidenses que es. Se ríe y asiente.

Con su libro, Santos ofrece constantemente al lector el privilegio de entrar en la habitación en la que todo sucede, acceso que a la generalidad de los ciudadanos, la historia, por lo general, le niega. La página 555 ofrece un ejemplo notable de la sensación que tiene el lector de estar dentro de esa habitación tan especial:

“Un día, José Obdulio [Gaviria, asesor de Uribe, por entonces presidente] me llamó por la línea directa de Presidencia -el llamado falcon- y me pidió, como lo más normal, que interceptara las comunicaciones de la senadora liberal –cercana a Hugo Chávez– Piedad Córdoba. Me negué rotundamente, le pedí que nunca me hiciera ese tipo de solicitudes, y jamás me volvió a repetir la petición. Tal vez fue por eso que usaron el DAS y no la inteligencia militar para las chuzadas [escuchas ilegales] que luego saldrían a la luz”.

En febrero de 2009, la revista Semana publicó extensas informaciones sobre cómo el DAS, siglas del aparentemente muy prosaico Departamento Administrativo de Seguridad, había grabado de forma ilegal a líderes opositores, periodistas o magistrados. Varios altos funcionarios fueron detenidos y posteriormente condenados. En 2011, Santos disolvió el DAS.

–¿De cuántas irregularidades más del Estado, como ésta, ha tenido conocimiento, y no ha contado?

–Mire, yo he sido tajante, tan contundente cuando le dije a José Obdulio que por ningún motivo le iba a hacer eso y que nunca más me insinuara algo parecido, que ellos tomaron distancia en ese sentido. Y la verdad es que nunca más me insinuaron nada remotamente parecido. Eso tengo que decirlo con toda claridad. De manera que eso fue suficiente para que por lo menos a mí no me propusieran nada de lo que después se supo que hicieron con los personajes con que se reunieron y las historias que han salido. Yo no era parte del sanedrín del presidente Uribe, nunca lo fui. A mí me tenían mucho respeto, pero también me tenían mucha desconfianza.

Primer encuentro entre Uribe y Santos para estudiar qué posibilidades existen de salvar el proceso de paz tras el triunfo del No en el referendo. EscribeSantos, en la página 551:

“Me sorprendió mucho que el primer tema que tocó el expresidente no fue el acuerdo de paz, sino otro muy distinto. Me habló de su protegido, el exministro de Agricultura Andrés Felipe Arias, condenado desde julio de 2014 a diecisiete años de cárcel por la Corte Suprema, por los delitos de peculado porapropiación a favor de terceros [está en Miami, a la espera de ser extraditado].

–Presidente, –me dijo, apenas nos saludamos– me preocupa mucho que su gobierno siga persiguiendo a Andrés Felipe Arias.

Quedé atónito, pero le respondí con calma:

–Presidente Uribe. Mi gobierno no persigue a nadie […]. Y usted sabe que en Colombia hay división de poderes. La Corte Suprema es autónoma en sus fallos y la Cancillería solo cumple el trámite que le corresponde según la ley.

El tema quedó ahí, pero sin duda fue un mal inicio para la reunión”.

El desencuentro –la expresión se queda voluntariamente corta– entre Uribe y Santos ha sido una constante desde que uno sucedió al otro en la presidencia. En La Batalla por la Paz, Santos revela numerosos sucedidos que dejan en mal lugar a su antecesor, pero sin cuyo conocimiento resulta difícil entender hechos clave en la vida política de los últimos años en Colombia, especialmente sobre el proceso de paz. O dicho de otra manera, tras la lectura del libro, se entienden muchas cosas. Con todo, el párrafo más demoledor con Uribe, a mi parecer, es uno en el que ni siquiera se le cita por su nombre, bajo el título Esa maldita tentación:

“El problema de los caudillos –ya lo anoté cuando hice referencia a la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla a mediados del siglo pasado– es que siempre terminan cayendo en la tentación de perpetuarse en el poder. De alguna manera comienzan a sentirse indispensables o hacen creer a la gente que lo son, y así se produce esa convicción mesiánica y antidemocrática de que solo una persona tiene la capacidad para dirigir las riendas del Estado”.

Le pregunto a Santos si es consciente de que las polémicas que va a levantar su libro se verán incrementadas de forma logarítmica por las repetidas alusiones a Uribe.

–Yo estoy en este momento en una etapa de mi vida de gran complacencia, gran tranquilidad y no quiero volver a controvertir con el expresidente Uribe. Dejémoslo que él siga peleando solo. A mí me parece muy buena la recomendación de un emperador, tal vez el más sabio de los emperadores romanos, Marco Aurelio que decía: “La mejor forma de vencer a un rival es no parecerse a él”. Yo he querido seguir ese consejo.

Aún así, hay demasiado material para que la polémica no resulte inevitable. Demasiados detalles y, de alguna manera, demasiadas acusaciones, con datos y fechas, de cuando menos deslealtad; no únicamente con la institución del presidente de la República, sino también para con los ciudadanos y para con la verdad, incluso en estos tiempos de verdades flexibles,

Mañana : II Parte

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