Acuerdo para vivir juntos

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El escenario público continúa cargado de polarización. Nos agobia una impresionante cantidad de noticias negativas, no sólo por el destape vergonzoso de la corrupción en las Altas Cortes,  sino porque todos los días se develan intentos continuos de manipulación en todos los frentes, intensificados por el afán de direccionar el pensamiento de los colombianos en época preelectoral.

Es algo evidente, para no ir más lejos ni más hondo, en lo referente a los acuerdos de paz: desde los narcotraficantes colados en las listas de guerrilleros para ser amnistiados, el inventario de escobas y bienes sin valor para indemnizar a las víctimas, hasta el tono de los enfrentamientos internos en el nuevo partido de las Farc, son una radiografía de la triste realidad, a la cual se agregan, ahora, las voladuras de los oleoductos, como “estrategia de negociación” del ELN. 

Frente a estos cúmulos informes de desesperanza, el Papa dejó trazados claros derroteros para el pueblo colombiano. Planteó el desafío de  abrirse camino desde abajo, desde una “corriente contracultural”. Aceptando el reto individual de “una corrección que no quiere expulsar sino integrar” nos invita a  “desatar los nudos de la violencia” Nos advierte además del riesgo de  caer en “una aséptica legalidad pacifista que no tiene en cuenta la carne del hermano, la carne de Cristo”. También para esto debemos estar preparados, y sólidamente asentados en principios de justicia, que en nada disminuyen la caridad. No es posible convivir en paz sin hacer nada con aquello que corrompe la vida y atenta contra ella”.

Insiste, refiriéndose, entre otros males y de manera contundente al narcotráfico: “Condeno con firmeza esa lacra que ha puesto fin a tantas vidas y que es mantenida y sostenida por hombres sin escrúpulos. No se puede jugar con la vida de nuestro hermano ni manipular su dignidad”.

Para el Papa esta nueva corriente “comienza con un diálogo de a dos”. Nos empodera para iniciar el cambio desde donde nos encontremos. “Nada podrá reemplazar ese encuentro reparador; ningún proceso colectivo nos exime del desafío de encontrarnos, de clarificar, de perdonar” Pero, ¿cómo lograrlo desde abajo?  “Jesús encuentra la solución al daño realizado en el encuentro personal entre las partes”.

La invitación a generar el cambio cultural desde abajo busca fortalecer a los más débiles, a los más vulnerables, para que sean ellos los que asuman las riendas de su propio destino:

“El autor principal, el sujeto histórico de este proceso, es la gente y su cultura, no es una clase, una fracción, un grupo, una élite. Es toda la gente y su cultura. No necesitamos un proyecto de unos pocos para unos pocos, o una minoría ilustrada o testimonial que se apropie de un sentimiento colectivo. Se trata de un acuerdo para vivir juntos, de un pacto social y cultural”. (Exhort. ap. Evangelii Gaudium, 239).

Francisco nos deja como desafío el ejemplo de San Pedro Claver: “Al lado de San Pedro Claver había millares de cristianos, consagrados muchos de ellos; pero sólo un puñado inició una corriente contracultural de encuentro. San Pedro supo restaurar la dignidad y la esperanza de centenares de millares de negros y de esclavos…”

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