“La paz completa hay que consolidarla con el ELN y los demás actores violentos”

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Darío Villamizar Herrera es uno de los analistas políticos y del conflicto armado interno más ponderados. Ha escrito varios libros sobre la violencia en Colombia.

Como investigador con Especialización en Acción Sin Daño y Construcción de Paz ha sido catedrático de varias universidades y consultor de Gobiernos locales y nacionales, así como de las Naciones Unidas en reincorporación de excombatientes.

Villamizar publicó hace pocos días su última obra, ‘Las guerrillas en Colombia’, en la que documenta con extensa bibliografía, la más completa historia de las guerrillas en Colombia. COLPRENSA habló con él.

 

– ¿Qué conclusión saca el lector al conocer en detalle la historia de tantas décadas de violencia en el país?

La primera gran conclusión es que estamos transitando el fin del ciclo guerrillero, la lucha guerrillera está terminando en Colombia y en América Latina. Están dadas las condiciones para que culmine ese ciclo en América Latina con el proceso del ELN.

Segundo, este proceso doloroso que ha dejado miles y miles de víctimas, dejó muchas enseñanzas y hechos positivos como el proceso reformista de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, obra y gracia de una gesta estudiantil con la Séptima Papeleta pero también tras los procesos de paz en los 90 con el M-19, PRT, Quintín Lame, etc.

Pero también con la participación de muchos dirigentes políticos que hicieron parte de esas organizaciones que se desmovilizaron y luego hicieron sus aportes para el avance de la democracia. Y aunque hace falta mucho, la democracia se va perfeccionando, no olvidemos que en el acuerdo con las Farc se pactó una reforma política que está en curso en el Congreso.

 

– ¿Valió la pena tanta violencia?

Esa es la pregunta de fondo, y es la que se han hecho todas esas organizaciones cuando han estado en procesos de diálogo y negociación de la paz con el Estado. Pero la respuesta es de cada quién. Globalmente uno podría decir que no era necesario haber llegado a esto, que el reclamo que se hizo en los años 50 por parte de campesinos bien pudieron resolverse por el Estado sin dejar crecer este fenómeno de alzamiento. La verdad, yo creo que sí, que esto pudo evitarse, pero del ataque a Marquetalia contra un grupo de campesinos desorganizados, mal armados, surgió el germen que terminó engrendrando a las Farc.

Claro, también hubo falta de generosidad de parte y parte que nos hubieran evitado tantos muertos de haberse concretado los procesos de paz que se iniciaron y no cristalizaron.

 

– En el colofón del libro hay una parte que usted llama ‘La paz pendiente’. ¿Qué falta para consolidar la paz en Colombia?

Creo que hace falta la paz con el ELN y con una pequeña fracción del EPL con la que, considero, también hay que negociar para desactivar en su totalidad los grupos en armas, aunque el Gobierno no lo ve así porque considera que el EPL está más cerca de la ilegalidad y el narcotráfico.

Faltaría desactivar otros factores violentos que están asesinando a dirigentes sociales, pero es el Estado el que debe entrar a buscar soluciones.

 

– ¿Qué garantiza que el Estado sí les va a cumplir esta vez a las Farc y al ELN si se desmoviliza?

Pues en primer lugar hay un acuerdo entre el Gobierno y las Farc y hay otro e curso con el ELN, pero sobre todo hay compromisos con la comunidad internacional. Pero si queremos ponerle fin a la violencia hay que cumplir con lo pactado, hay que desactivar todos los factores para que no se vuelva a repetir el pasado. El Estado tiene una gran responsabilidad, pero también las Farc y próximamente el ELN.

Con el ELN el Gobierno Nacional ha hecho una serie de compromisos para el cese bilateral, para frenar nuevos hechos de violencia contra los dirigentes sociales. Ese es el gran reto del Estado, la comunidad internacional está muy atenta al cumplimiento de estos acuerdos.

 

– ¿Es posible que los cambios políticos que se avecinan pudieran afectar esa paz, que aunque no es perfecta es lo más cercano que hemos tenido?

Es un riesgo, todos los días aparecen situaciones adversas, no solo ciertos incumplimientos o cumplimientos tardíos de los acuerdos de paz, etc. Esperamos que el Estado colombiano, no el Gobierno de turno, cumpla la palabra empeñada en los acuerdos y de la que está vigilante la comunidad internacional.

 

– ¿Por qué este libro se escribió sin que la paz esté completa?

A estas alturas del avance que ha tenido el proceso de paz es momento de aportarle a la reflexión, al conocimiento de la verdad histórica. Es un momento en que tenemos que tratar de que se complete la paz y para que la memoria de los colombianos lo tenga presente y este fenómeno no vuelva a repetirse. Además, creo que el libro es un texto que puede ser útil a la Comisión de la Verdad que se va a instalar el año entrante.

 

– ¿Cuál es la diferencia de esta obra frente a otras que se han ocupado del mismo tema?

Una historia completa de la guerrilla en Colombia no la hay, hay varios libros que recogen la historia de uno u otro grupo, de un personaje, de un hecho puntual, pero no existe una historia completa de los más de 32 grupos guerrilleros que ha habido en nuestra historia en los últimos 70 años. En esta obra encontramos la historia de cada una de ellos, su relación y también sus grandes diferencias.

Obviamente hay que ubicar este fenómeno en un contexto histórico, la Guerra Fría, el triunfo de la revolución cubana de 1959, los antecedentes de la Guerra de los Mil Días en Colombia y otros fenómenos que terminaron en el hecho funesto de Jorge Eliécer Gaitán en 1948 y las primeras expresiones de autodefensas en el país.

 

Tomada de Colprensa.

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