DIARIO DEL MAGDALENA
Periódico de Santa Marta

Alan García, el virtuoso orador que terminó con 80 % de impopularidad

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Histriónico en el escenario, maestro en el arte de persuadir con el discurso, conocedor de las palabras precisas, las arengas y los silencios en la plaza pública. Un orador nato.

Así describen en los círculos más cercanos, y los perfiles psicológicos, al dos veces expresidente peruano (1985 a 1990 y de 2006 a 2011), quien murió este miércoles a los 69 años luego de dispararse antes de ser detenido por los vínculos con el escándalo de Odebrecht.

Autor de varios de los discursos más memorables de la historia política reciente en Perú, García era el auténtico político encantador de serpientes. Con un ego del tamaño del Estadio Nacional del Perú y una bipolaridad ampliamente conocida, citaba con naturalidad a Pedro Calderón de la Barca y hacía como suyas las precariedades sociales en el partido político de centro izquierda del que fue el máximo exponente: Partido Aprista Peruano (PAP):

“Yo soy algo más que aprista. No soy solamente aprista, yo acompaño a cada peruano en su vida. Yo quiero acompañar a cada peruano en su preocupación y en su angustia”, decía en 2001 ante una plaza San Martín de Lima repleta en la que relanzaba su carrera política luego de vivir una década en el exilio huyendo de Fujimori.

“Vengo ante ustedes sin rencor. Qué importa lo que hayan dicho de Alan García, qué importa lo que me hayan hecho sufrir a mí y a mi familia si lo que importa es lo que ha sufrido el millón de desempleados, los que trabajan 10, 14 y 15 horas, lo que han sufrido los que ganan la mitad del salario y los campesinos que no tienen crédito”, arengaba en esa misma ocasión en medio de aplausos.

Doble presidencia

Poco importó que en su primer gobierno (1985 a 1990) dejara al país vecino en estado de coma. 16 años después de dejar el poder y de vivir durante una época exiliado entre Colombia y Francia, García regresó para “restablecer” la democracia y para poner de nuevo en la agenda pública los problemas sociales de los coterráneos.

“Sólo Dios y los imbéciles no cambian”, señaló en plena campaña García para reforzar su pragmatismo al dejar de ser promotor de la intervención estatal en la economía y abrazar el libre mercado, dos de los errores que le cobraban por su primer mandato.

Aquella elección la sufrió, pero la ganó por un estrecho margen, contra el colega Ollanta Humala, a quien relacionaban con el chavismo.

De la campaña electoral brillante al gobierno y los posteriores escándalos pasaron 13 años. Su popularidad tocó fondo y su nombre apareció involucrado, cada vez más, en casos de sobornos y narcoindultos en los estrados judiciales.

Tal como la trayectoria política, la vida familiar de García también fue turbulenta y azarosa. Padre de seis hijos, de tres relaciones diferentes, el político limeño residía hasta el año pasado entre Lima y Madrid, donde vivía su actual pareja y el menor de sus hijos

La mano izquierda arriba en los discursos, uno de los símbolos del político limeño que falleció este miércoles.

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