DIARIO DEL MAGDALENA
Periódico de Santa Marta

A nadie le importa

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El pasado 25 de abril fue el Día Internacional Contra del Maltrato Infantil. En América Latina los gobiernos y organizaciones no gubernamentales aprovecharon la ocasión para hacer el llamado obvio a los adultos que cuidan a los niños: no los maltraten.

Con sorpresa en Colombia el día pasó desapercibido, no hubo líderes de opinión hablando al respecto con muy pocas excepciones, ni arengas de líderes sociales, nada impactante. Estábamos en paro y obvio, eran más “importante” los derechos de los adultos que los de los niños.

La lucha contra el maltrato infantil debería ser un asunto de agenda política diaria en un país que según la ONG internacional Save the Children, Colombia es el segundo lugar más peligroso en el mundo para los niños.

Cerca de 27.000 casos anuales de denuncias por violencia sexual en contra de los más pequeños de la casa, golpizas, abandono, negligencia, asesinatos y tortura, es la manera como miles de niños viven sus infancias en nuestro país.

El día que en Colombia comprendamos que el maltrato infantil es la causa de muchos de los males en la sociedad de los adultos, ese día dejaremos de justificar que a los niños se les eduque, por ejemplo, con golpes.

Aún en la creencia colectiva sobre técnicas de crianza se defienden los golpes como palmadas, cachetadas, puños, baños de agua fría, quemadas, etc como herramientas “válidas” de crianza. Nada más lejano de los estudios científicos de los últimos 20 años que incluso han podido demostrar la correlación entre haber sido víctima de maltrato infantil y enfermedades físicas en la edad adulta como accidentes cardiovasculares, pulmonares y por supuesto las emocionales como cuadros depresivos, ansiedad, entre otros.

¿Qué hacer? Re-entrenar a la sociedad acerca de las técnicas de crianza basadas en la seguridad, el amor y el respeto. Y digo re-entrenar porque sé que usted que me lee es altamente probable que haya recibo un (o varios) golpe en su infancia propinado por alguno de sus padres y hoy en día usted lo justifica. Pero la verdad es que sus padres y sus abuelos también los recibieron mientras los “educaban”. La buena noticia es que no estamos condenados a levantar las infancias de las futuras generaciones a los golpes. Para ello, la agenda pública se debe volcar a entender de qué se trata la crianza de un ser humano y la importancia de la primera infancia como factor determinante en el desarrollo del ser humano para el resto de su vida. En Canadá, Suecia, Noruega, Chile, entre otros ya empezaron. Acá en Colombia las comisarías de familia se vuelven determinantes en la construcción de herramientas efectivas de resolución de conflictos, hay que modernizarlas, dotarlas y equiparlas con las mejores calidades de recurso humano entrenado en trabajo social, psicología y trabajo terapéutico. Los jardines infantiles y colegios también pueden ser empleados en esa transformación revolucionaria que puede cambiar el futuro de las siguientes generaciones. Criar no es un asunto de cambiar pañales, es la responsabilidad más grande que una persona asume en su vida, traer a un ser humano al mundo para amarlo y ayudarlo a crecer.

*ExDirectora del Sena

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