El municipio, escenario de progreso

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El municipio debe ser siempre tema recurrente no solo del discurso político y administrativo público, sino de lo cotidianidad. Nunca ignorarse, debido a que necesitará siempre de soluciones adecuadas por ser la célula básica de nuestra democracia. No hay ni habrá del todo para los municipios soluciones nacionales, sino propias, en la verdad que deben ser pensadas globalmente; y, accionadas e implementadas localmente (glocalidad). No perder nunca de vista que la grandeza de nuestro departamento está en sus municipios, subregiones, regiones, y en encontrar la satisfacción de las necesidades básicas de sus comunidades menos favorecidas.

No hay derecho que nuestros municipios, con el potencial inconmensurable que poseen en muchos sentidos, vivan en crisis permanente, sometidos al constreñimiento de ciertas fuerzas locales provenientes de la política y demás otras nacencias para la aprobación de cuentas públicas y otros desmanes presupuestales, así como por implantar e implementar programas de apoyo variopintos y, en otros casos, del crimen organizado de distinto origen y propósitos.

De la misma manera, debido a compromisos de campaña, incrementan exponencialmente en su seno el gasto corriente por la burocracia, generando en muchos casos elevados montos por laudos laborales debido a despidos sin cumplir con los requisitos jurídicos, comprometiendo gravemente las finanzas municipales; así como desviando recursos muchas veces a otros rubros o sustrayéndolos ilícitamente, determinando ello que la deuda municipal crezca exponencialmente.

Todo en nuestros municipios pareciera perverso debido en algunos casos y ciertamente al crecimiento desmesurado del caciquismo; y, en otros, por laperpetuación en el poder de personas o grupos descalificados para ejercerlo, dada su ninguna capacidad administrativa, de gestión ni de gerencia públicas. De otra parte, se ha visto menoscabada la participación femenina, en lugar de enaltecerse, en atención a que en muchos municipios se postula a esposas, hijas y “amigas” de quienes, sin ningún escrúpulo, recato ni aprensión siguen ejerciendo el poder.

De otra parte y hay que decirlo, amén de varios otros asuntos que entorpecen en materia grave una buena labor administrativa en los municipios, difícilmente las acciones emprendidas por ellos para disminuir pobreza, inequidad y desigualdad lejos están que puedan consideradas y mucho menos calificadas como política social, puesto que en realidad y verdad corresponden a burdas como ignominiosas acciones de corte electoral con lo que se busca, como antes dijimos, perpetuidad para su núcleo personal, de amigos o bandería política.  

Tampoco funcionan los concejos conforme a su diseño inicial de órgano colegiado de reflexión y control político, puesto que en muchos casos actúan en complicidad con los burgomaestres para beneficio personal, lo que determina que el problema municipal tenga distintas vertientes, mereciendo en consecuencia un planteo integral que involucre los órdenes de gobierno para revisar, desde lo jurídico, hasta las políticas públicas, en gran medida, un asunto de cultura política.

 Requieren nuestros municipios serios replanteamiento que los ayuden a aminorar varios de los problemas que los asfixian, debiéndose borrar la siempre perniciosa distancia entre el Magdalena legal y el real, toda vez que no bastan sólo normas maquilladas alejadas de la verdad, que a la postre colisionan bruscamente con nuestra realidad. Se ha fallado en todos los órdenes y ello debe remediarse, a fin de no seguir sucumbiendo y yéndonos presurosos a puntos de no retorno. [email protected]

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