Idoneidad, capacidad, decencia

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Seleccionar a los mejores impone contagiarnos de lo excelso y relevante. Discutir métodos para su escogencia, emular lo positivo, optar por los más preparados, idóneos, capaces y decentes para que dirijan nuestras administraciones públicas y lleguen a los cuerpos colegiados personas confiables, virtuosas, que una vez allí, diseñen mecanismos para evitar abusos. Con ello, corremos menos riesgos para decepcionarnos, aunque lo cierto es que nunca se sabe cómo actuará una persona cuando accede a un cargo público, Digo lo cual dado los perversos virajes que muchos personajes de la vida pública han dado al llegar. Pierden el sentido de la realidad, perciben el daño causado cuando ya es demasiado tarde y el daño está hecho, quedándoles sólo la amargura.

A la hora de elegir representantes y gobernantes, importa que tengamos en cuenta la condición humana, su congruencia, coherencia y honradez. analizar a la gente alrededor de los candidatos, pues siempre estamos condicionados a circunstancias. Deben ser personas orientadas por ideas básicas, por principios fundamentales, asumirse, ver lo malo y peor para enfrentarlo con esmero y pasión en defensa y beneficio de los intereses superiores de la comunidad. Darse a la tarea de fortalecer la institucionalidad, el orden y el progreso en contexto de democracia real.

Es tener cuidado, buen tino, saber, desde la observancia, que cuando de política se trata la realidad es fangosa y por ende requiere ser transformada salvando lo menos sucio. La política debe obligarnos si somos sensatos, a que el saldo final sea positivo, lo que es parte de su razón de ser. Escoger siempre implica riesgo, debido a que nunca se puede descartar que a las entidades a las que se aspira lleguen los menos idóneos, lo que muchas veces no facilita que se materialicen condiciones aceptables de gobernabilidad y es cuando resurgen los desprestigiados de siempre, qué dados sus innobles procederes, terminan por imponerse.

Personas que tengan en mente claros procesos auténticos de consolidación democrática, con un inmenso sentido humano y en capacidad para generar solidaridad. Hoy la política es reflexión, ya que desde perspectivas dinámicas se interesa más por los procesos, en donde el Estado no ocupa un espacio tan destacado; y por cuanto la condición política tiene como premisa la aceptación de la pluralidad de culturas y discursos, razón por la que el rechazo al universalismo político es evidente, implicando que el Estado pierda protagonismo para cedérselo cada vez más a la sociedad,  siendo necesario entonces, una nueva concepción de la política y un replanteamiento de la teoría del Estado. La política debe ser objeto de reflexión en tiempos en que la controversia y los desafíos imponen mutaciones, cambios y transformaciones de fondo, como disciplinas en los más de los órdenes establecidos y por establecer.[email protected]

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