Madelaynne se despide del voleibol como una de las mejores del mundo

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Lo que para el fútbol es Faustino Asprilla y Falcao García, para el voleibol colombiano es una sola mujer: Madeleynne Montaño Caicedo. Como el ‘Tino’, ella abrió y se sostuvo en el camino internacional y, como el ‘Tigre’, llegó a ser la mejor atacante del mundo.

Asprilla fue el encargado, junto con otros colombianos en su generación, de abrir el camino en Europa, pero no sólo lo abrió, también se sostuvo y tuvo éxito, con récords de goles y actuaciones que todavía son recordadas, como aquella tripleta con el Newcastle ante Barcelona por Champions League. Lo mismo hizo Madeleynne, quien como valor agregado a abrir el camino y sostenerse en la élite mundial, todavía tiene el récord mundial de la mayor cantidad de puntos en un solo partido: 54, y la mayor cantidad en un set: 25.

Falcao, el líder de la actual generación exitosa, cuando jugaba en el Atlético de Madrid, llegó a ser el mejor atacante del mundo para la FIFA, con grandes actuaciones, las mismas que en el voleibol llevaron a Madeleynne a ser finalista de Champions League en Europa y elegida la mejor atacante, no sólo en Champions, también en varias de las ligas más importantes del planeta, como en Corea del Sur, Grecia, Turquía e Italia.

Por esa amplia y exitosa carrera deportiva, esta tulueña es la máxima referente del voleibol colombiano, pero al anunciar su retiro, se quedó con un gran sueño por cumplir, asistir a unos Juegos Olímpicos, a los que Colombia está en el camino de llegar a Tokio y, de darse, Madeleynne reconoció que le encantaría aportar toda su experiencia para vivir el sueño como integrante del cuerpo técnico.

Días después del anuncio oficial de su retiro, por una lesión de rodilla, como Asprilla y Falcao las han sufrido, Madeleynne se encuentra radicada en Grecia, donde vive con su hijo Dimitris Fillioudis, de 11 años de edad, y en medio de la recuperación de la lesión que la llevó a decirle adiós a su pasión, atendió a COLPRENSA para dialogar sobre su extensa y exitosa carrera deportiva.

– ¿Por qué decide abandonar el voleibol activo?
Porque la rodilla derecha me empezó a molestar y fue perdiendo un poco de movilidad. Hice muchas terapias los últimos dos meses de la temporada y viendo que no mejoraba, a pesar de haber tomado las medidas necesarias, consideré que el momento había llegado, infortunadamente, no es que ya mentalmente quería terminar, no, pero haciendo las matemáticas si hacía una operación de rodilla, a los 36 años que tengo, las probabilidades de cómo volver a una forma competitiva, que mis estándares exigen, era muy complicado garantizarlo, por eso lo decidí.

– ¿Qué tan difícil fue tomar la decisión?

Mucho, porque es una cuestión física y porque ya son 23 años de carrera en voleibol, así que es un capítulo que es muy complicado de cerrar, pero lo estoy tomando día a día, continúo con las terapias en la rodilla, veo cómo seguirá el proceso y pensando cada día que el paso del siguiente día, no es un paso fácil de dar.

– ¿Valió la pena dedicar la vida al voleibol?

Absolutamente sí, creo que cuando mi profesor de la Normal de Zarzal, Fernando Arboleda, me envió a la Liga del Valle, no estaba segura de tener talento, llevaba tocando el balón de voleibol muy poco, entonces mis objetivos eran sólo aprender y no estar tan atrás del nivel de las chicas que llevaban más tiempo practicando, luego los objetivos fueron otros, no podría nadie haberme preparado para el desarrollo que tuvo mi carrera, entonces puedo decir que sí valió la pena y lo haría de nuevo.

– ¿Cómo recuerda sus inicios en el deporte?

Mis padres, Antonio Montaño y Gladys Caicedo, eran docentes en Guapi (Cauca), allí fui a la Escuela Normal, mi padre siempre practicó mucho deporte, entonces desde que tengo uso de memoria y por las fotografías de la época, veía a mi papá en competencias de 100 metros con la Universidad en Tuluá, con lanzamiento de jabalina o en algún congreso de la Escuela Nacional del Deporte, o jugando baloncesto, en ocasiones lo fui a ver jugar fútbol, entonces crecí con ese modelo de mi papá, por verlo levantarse cada mañana a correr, era lo que pasa con cualquier niño, quería seguirlo, con mis hermanos, porque soy la mayor de cinco hermanos, en ese entonces éramos tres, con Jaiber Antonio y Gladys Julieth, me acuerdo que nos levantábamos a las 6:00 de la mañana a correr, fueron los primeros pasos de competitividad que tuve, contra mis hermanos, por eso el deporte siempre estuvo en mi vida.

– ¿Siempre con el voleibol?


No, mis primeros sueños fueron con el baloncesto, mi ídolo era Michael Jordan, yo sólo soñaba con ser la Michael Jordan del baloncesto femenino e ir a jugar a la WNBA, era mi pensar en esa época. Cuando me fui de Guapi a Zarzal, para mejorar en mis oportunidades en baloncesto, me encontré con el profe Fernando Arboleda, quien me introdujo al voleibol y decidió junto con el rector de la Normal, Efraín, sugerirle a mis padres que fuera a Cali a hacer una prueba de talentos.

– ¿Cómo le fue en esas pruebas?


Fue raro porque yo había pasado por muchos deportes, pero nunca voleibol, no sabía ni cómo era el balón, por eso era un reto muy grande y difícil, empezar de cero, pero tuve el apoyo de muchas personas, mis compañeras, los padres de mis compañeras, porque vivía en Zarzal y en Cali me quedaba en la casa de mis compañeras, en especial de María Alejandra, de Claudia Andrade, de Catherine Bolaños, hubo padres que me pagaron mi primer tiquete para ir a mi primer nacional, también hubo quienes me regalaron mis primeros tenis, otros mis primeras rodilleras, entonces siento que hubo una conspiración de muchas personas en todos estos 23 años para llegar hasta aquí, para al final encontrarme en canchas que era un sueño, que las veía sólo en televisión.

– ¿Cómo recuerda el primer contacto con un balón de voleibol?


Teníamos clase de educación física y el profesor nos dijo que debíamos ponernos tres adelante y tres atrás, había visto los bloqueos y ya. Entonces una compañera del equipo contrario hizo el saque para empezar el partido, yo estaba en la malla y recuerdo que el balón venía pasando la red y yo salté para bloquear el saque, entonces todos se rieron y me explicaron que eso no se hacía, que desde el saque hay que dar mínimo dos golpes para devolverlo. Ese fue mi primer contacto real con un balón de voleibol.

– ¿En qué momento se decide por el voleibol?

Estaba practicando con la Liga del Valle de Voleibol, pero también iba a la de baloncesto, pero cuando ingresé a la Escuela Nacional del Deporte, con 16 años, hacía los dos deportes, y no era fácil, porque entrenaba los dos deportes, algo que no le gustaba mucho a mis entrenadores, por el volumen de entrenamiento, pero llegó la oportunidad de estar en la Selección Colombia de Voleibol y se me cruzaba en fechas con otro torneo de baloncesto, entonces entendí que debía elegir, porque no podía seguir con los dos. Le dediqué más tiempo al voleibol, me sentía más segura y con más confianza, porque en el baloncesto tenía muchos vacíos y el voleibol me ofrecía otras oportunidades en ese momento, porque me pagaban los estudios universitarios, me pagaban la vivienda y por el apoyo que había recibido, durante tres años, era un proceso avanzado y me daba más confianza estar en el voleibol, pero no fue una decisión fácil.

– ¿En esa época pensaba que el voleibol le iba a dar todo lo que le dio?

Jamás me lo imaginé, si alguien me hubiera preguntado cuando tenía 16 años si pensaba estar aquí, no, que iba a hacer todo lo que hice, no, de ninguna manera, porque en esa época lo que yo hacía era soñar y ver las grandes jugadoras en la televisión, admirar sus capacidades y técnica, como Mireya Luis, Virna, Regla Torres y, obviamente, se escuchaba la Liga de Brasil. En mi juventud no podría haber visto el futuro que me encontré hoy, es más, no tengo que ir tan lejos con ídolos, como Kenny Moreno, que fue a Brasil, Italia y Estados Unidos, era algo grande para mí.

– ¿Cómo inició el camino de llegar al profesionalismo?

Mi primer roce internacional fue cuando tenía 16 años, cuando me llamaron a la Selección Colombia Juvenil y quedé entre las 12 para ir a Argentina. Cuando terminó el Suramericano, se me acercó el entrenador de la Selección de Argentina, Alejandro Arconada, quien me dijo que tenía contactos en Brasil para poder llegar, pero en ese año no se dio.

Le conté a mis padres y me dijeron que lo intentara si se volvía a dar y se dio al siguiente año para ir al San Fernando del Valle de Catamarca, en Argentina, mi primer club y en realidad era una experiencia de ir a aprender, de ver otras jugadoras, de enfrentar a niñas con más experiencia, fuerza y técnica, cuando yo era de las más jóvenes en la Liga, fue una experiencia que me abrió los ojos y me hizo ver otras cosas.

– ¿Cuál fue el máximo logro deportivo?


Haber hecho el récord fue algo que lo aprecié mucho y que me sorprendió, porque me hizo ver que sobrepasé límites que yo pensaba era muy difícil alcanzar. Jugar la final de la Champions League y ese año ser la mejor atacante, fue un logro que disfruté mucho, porque era la forma de comprobar que estaba jugando a otro nivel, porque cuando estaba en Corea, todavía mucha gente dudaba de mis condiciones, pero lo demostré en la cancha y me sentí muy bien en ese momento de mi carrera.

Ganar el MVP con la Selección Colombia en 2013 fue un recuerdo que está marcado en mi carrera, pero otras cosas también, como cuando jugamos la clasificación a los Olímpicos de Río en Argentina, en Bariloche, el público me recibió muy bien y en algún momento el coliseo coreaba mi nombre, son cosas que no voy a olvidar. Más que premios y cosas, son las memorias de vivir un sueño.

– ¿Cómo recuerda ese día del primer récord?

Era mi segunda temporada en Corea, estábamos perdiendo muchos partidos, entonces sólo teníamos la posibilidad de entrar a los playoffs si ganábamos el partido. Los niveles de concentración y dedicación que tuve para ese partido eran grandes, porque había mucha tensión por la victoria antes de iniciar el juego. La noche anterior no pude conciliar el sueño, estuve muy estresada. El día del partido teníamos entrenamiento con el equipo y mientras corríamos dos compañeras me preguntaron que cómo estaba, les dije que no había podido dormir, una de ellas le dijo al entrenador y me llevaron al hotel para descansar, pero sin lograr conciliar el sueño.

Me puse a ver un vídeo del partido de análisis previo para ver dónde se paraba el equipo, cuándo se le atacaba desde cada ángulo, en las horas previas al juego, luego al mediodía almorcé normal con el equipo para salir al coliseo y en el primer set nos fuimos a 31 puntos, pero lo perdimos y en ese set yo hice 25 puntos, que todavía es el récord más alto de puntos en un set en Corea. En el segundo set lo ganamos, el tercero lo perdimos, el cuarto lo ganamos y luego en el quinto set perdimos y así el partido también. Fue un partido que todo el equipo lo dio todo, pero se definió en detalles y no sentí nada diferente al resto de partidos. Al final me preguntaron que cuántos puntos creía que había hecho, le dije no se, 30, cuando me dijeron que eran 53, un récord mundial.

– Y lo igualó y superó varias veces…

Fue al siguiente año, como en el tercer o cuarto partido de la temporada, esta vez hice 54 puntos en cuatro sets y al final del partido de nuevo no sabía ni me imaginaba haber hecho los 54, así que fue gran sorpresa para mí, que prácticamente en menos de un año había roto el récord mundial y en cuatro sets. Esa misma temporada volví a hacer otro partido con 54 puntos y otro con 53, por lo que se hizo como normal, pero ahora, ya en el retiro, me siento afortunada de haber hecho semejantes logros, son cosas extraordinarias que se hacen en la carrera y cuando uno se retira queda la gratitud y la admiración por la persona que uno fue en ese momento.

– ¿Hubo otro recuerdo que no olvidará?
En los octavos de final de la Champions League, cuando le ganamos a Kazán para pasar a la semifinal, porque casi nadie pensaba que le podíamos ganar a Kazán, fue algo muy grande. Luego todo lo que siguió, de estar en la final, de ser destacada entre las mejores de Europa y el mundo, es algo que no todos tienen la oportunidad de llegar allí, no fue fácil y tener la oportunidad de ir y vivirlo fue muy grande.

– Y los momentos más difíciles…

Cuando se tocaban las puertas y no se abrían, o cuando había venido a Italia a hacer una prueba y al llegar me di cuenta que estaba lejos del objetivo o que me habían dicho que me dejaban y al final no, eso me llevó a pensar que no podía y por eso pensé en estudiar, hacer una familia y dejar el voleibol a un lado.

– ¿Cómo le iba con los idiomas en cada país al que fue: Corea, Grecia, Turquía?

Una vez aprendí el inglés, la barrera de los idiomas era más fácil de llevar, porque casi siempre hay una persona que habla inglés, luego aprendí el griego, porque lo quería aprender, y obviamente en algunos países sólo aprendí para sobrevivir, para orientarme o comunicar cosas necesarias, en general me han gustado los idiomas, de hecho el viajar y encontrar lugares donde no se hablaba ni español, ni inglés, fue una motivación para tratar de aprender más.

– ¿Cuál es el sentimiento, luego de recordar todo este exitoso camino deportivo?

Cuando recuerdo mi vida me siento muy agradecida y afortunada de haber tenido cada oportunidad, de haber encontrado en el camino gente que me apoyó, que creyó en mí y me acompañó en este camino. El sentimiento más grande que he experimentado en los últimos años es la gratitud por la oportunidad de vivir todos estos momentos.

– ¿Qué le hizo falta en todo este camino deportivo?

No considero que haya hecho falta algo, si se cambiara algo de la historia, no sabemos cómo sería, pienso que haber tenido las dificultades que tuve para llegar a donde llegué, todos los obstáculos me prepararon para el momento de cada éxito y llegar al nivel de competencia más alto que se puede llegar al deporte, pero también a la crítica.

– Si la rodilla queda bien y Colombia logra el cupo a Tokio-2020, ¿pensaría en regresar?

No se si la rodilla queda bien, el resultado final de todo este proceso y el tiempo no se sabe, mi sueño más grande siempre fue ir con la Selección Colombia a los Juegos Olímpicos, pero hace un buen tiempo que me fui reconciliando con la idea de que no pasaría en mi vida, pero regresar no depende de mí, sino del grupo técnico y si hay compatibilidad, creo que la Selección ha avanzado mucho, el profesor Antonio está haciendo un trabajo muy bueno con las chicas, se le ve que está creciendo, por eso me gustaría estar, pero si no es como jugadora, como integrante del cuerpo técnico, eso sí me gustaría, poder ayudar desde mi experiencia al voleibol colombiano, sería mi mayor satisfacción.

TRAYECTORIA DEPORTIVA

San Fernando de Catamarca, Argentina (1998–1999)

Miami Dade Comunity College (2001-2003)

Aris Thessaloniki, Grecia (2004–2006)

Iraklis Thessaloniki, Grecia (2008–2009)

KT&G Daejeon, Corea del Sur (2009–2012)

Rabita Baku, Azerbaiyán (2012–2013)

Galatasaray Daikin, Turquía (2013–2014)

Fenerbache Istanbul, Turquía (2014–2015)

Chemik Police, Polonia (2015–2017)

Aris Thessaloniki, Grecia (2018)

BOGOTÁ (Colprensa).

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