Una óptima democracia

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Demanda el ejercicio de una mejor democracia un conjunto social mejor informado, la existencia de partidos tanto monolíticos como congruentes, candidatos democráticamente leales, responsables, competentes, probos, rectos, probados y comprobados, solidarios, comprometidos, de primera condición, con grandes ejecutorias, realizaciones, propuestas y soluciones; sólidos profesional y culturalmente, honestos, honorables, y empapados en manera suficiente de las propias realidades y necesidades de sus conciudadanos, quienes deberán además conocer a fondo las reglas de juego democrático, aceptar sus procedimientos en todas sus etapas, la legalidad de las mismas y sostener una actitud democrática que fortalezca la institucionalidad.

Se construyen y constituyen gobiernos estables y con aceptación social, cuando se soportan en instituciones fuertes, autónomas, con alto grado de legitimidad política y social, elementos que permiten ponderar el futuro del Estado más allá intereses inmediatos y procurando siempre la estabilidad del sistema democrático.

Una colectividad bien y mejor informada procurará siempre y por siempre potenciar su cultura política-democrática, su capital social, esforzarse por separar lo baladí de lo esencial, algo complejo ante tanta bazofia que circula en las redes sociales, qué si bien llegaron para quedarse, requieren el reto de ser manejadas con superior responsabilidad, compromiso social y político, sin tener que recurrir al desprestigio, la calumnia, las verdades a medias, las falsas noticias, el sensacionalismo informativo, los denominados dramas instantáneos y la frivolidad de los debates públicos. Es un todo distractor que hace que se celebre el acceso al conocimiento inmediato sin profundizar en los proyectos, los candidatos y los partidos.

La falta de una democracia más deliberativa, participativa y activa, adicionado a campañas insulsas y sin propuestas, basadas en el encono y la descalificación, nada aportan a edificar una cultura de civilidad política. Necesitamos trabajar con ahínco para construir lealtad democrática, un sano sistema político para confiar en las instituciones, y, canales legales para dirimir las diferencias que puedan surgir.

La participación en las urnas es el ejercicio de un derecho político que debemos hacer valer como la concreción objetiva de la voluntad ciudadana que es, y el mecanismo civilizado para construir futuro; en lo que importa que la lealtad democrática de todos sea una garantía por la supervivencia de la democracia que debemos seguir fortaleciendo y profundizando en beneficio colectivo.

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