Hacer haciendo

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Pueda ser que los gobiernos por venir dejen huellas entre nosotros en todo lo que bien y mejor se den a la tarea de emprender, acometer, especialmente en cuanto a las políticas públicas se refiere; y ojalá lleguen con voluntad, decisión, nuevas actitudes, propositivos, proactivos, prospectivos, tengan prisa para marcar un antes y un después, se atrevan a generar cambios y positivas transformaciones. Fundamentarse en la experiencia que recomienda precisar lo que hay que cambiar y lo digno de conservar, en la concepción que no todo lo nuevo es bueno por ser nuevo ni todo lo viejo es malo por ser viejo. Es buscar siempre el buen desempeño institucional, sin que ello traduzca despotricar y menos descalificar a toda la clase política, lo que amén de ligero e irresponsable, es por demás injusto, tal como sucede en Santa Marta y en Colombia, cuando se habla mal de los antecesores en muchos casos con alto significado de injusticia, polarizando y dividiendo en detrimento del buen vivir en comunidad.

De allí que se deba procurar desde la objetividad hacer un diagnóstico, un balance preciso. Encaminarse a adelantarlo todo con respeto, sin cambios caprichosos ni bruscos, con unas instituciones operando con normalidad. Transformar sin arrasar ni desbocar la institucionalidad sin explicaciones. Qué desde el control del poder en un todo democrático, las percepciones sean exaltación, depuración y racionalización, que no autoritarismo, totalitarismo, populismo ni anarquismo. Que sean guardadas las proporciones. Que no se den señales miedosas de concentración del poder. Que lo primordial sea combatir hasta erradicar la corrupción; y, no permitir bajo punto de vista alguno, anquilosamientos, obsolescencias; ni que el salta atrás de la democracia comience en las urnas, esto último en decir de Levitsky y Ziblatt.

No se trata de suspender por que sí, los recursos a dependencias por sospecha o por indicios de malos manejos, ya que lo cual nos puede acercar a graves e irreversibles padecimientos de la administración pública en su conjunto. Tampoco prescindir de funcionarios por pálpitos, intuiciones o rumores, lo que además de ser una injusticia, puede propiciar salir de personas útiles perjudicando en materia grave la institucionalidad.

Los sistemas políticos malogrados, fallidos, parten del decir que todos somos encubridores y en tal medida nadie puede denunciar, y si lo hace, de inmediato se escarnece. Que todos estamos sucios, por lo tanto, inmersos en complicidades, lo que indica estar velados en conductas inmorales. Se adiciona a lo cual, una burocracia borrega y bien sabemos que no hay nada más comprometido que un servidor público cumpliendo una orden, lo que lleva a perder toda conciencia y borrar todo criterio para diferenciar lo bueno y lo malo. Sencillamente, se lleva a feliz término la decisión de quien ordena y no se cuestionan los medios para ejecutarla ni sus consecuencias, lo que además de grave es pernicioso y perverso. [email protected]*Jurista

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