Dos provincias y una guerra, dos “países” y Rusia en el medio

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Hay dos “países” en la región del Cáucaso, en la franja que divide a Europa del Este y Asia occidental, que solo Nicaragua, Venezuela y tres naciones más reconocen como estados independientes.

Se trata de Osetia del Sur y Abjasia, antiguos territorios de la Unión Soviética que eran considerados como provincias de Georgia y declararon su independencia de facto en 1992 y donde parte de su población no se considera georgiana.

Durante el siglo XX ambas lucharon por su independencia sin conseguirla y, ante las tensiones del gobierno central de Tiflis y los grupos étnicos que las habitaban, Naciones Unidas autorizó la participación de fuerzas pacificadoras rusas en el territorio.

Allí vivían en una tensa calma que acabó en agosto de 2008, cuando el presidente de Georgia, Mijeíl Saakashvili, optó por retomar el control de las provincias y atacó a la capital de Osetia, Tsjinvali.

Rusia respondió y ese enfrentamiento llevó a una batalla olvidada en Europa: la Guerra de Osetia del Sur de agosto de 2008, también conocida como guerra de los cinco días.

“Aún hay preguntas sobre la respuesta de fuerza desproporcionada de Rusia con la que prácticamente llegó a ocupar la capital, les faltaban unos 40 kilómetros. Al final, con la mediación de la Unión Europea se logró hacer un acuerdo”, reseña el internacionalista ruso y director del Laboratorio de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Icesi, Vladimir Rouvinski.

Ya para el 26 de agosto de ese año Medvédev, derrotado, anunció que aceptaba a Osetia del Sur y Abjasia como países independientes. Entonces, el gobierno de Vladimir Putin fue el primero en reconocer la emancipación de estos territorios a los que se sumaron Nicaragua, Nauru, Siria y Venezuela.

 

Un problema que revive

Pero que Saakashvili aceptara la derrota de Georgia en 2008 no fue suficiente para cerrar el conflicto. Aún hoy para el gobierno de ese país, Osetia del Sur y Abjasia son consideradas como provincias georgianas, al punto que la semana pasada su presidenta Salome Zurabishili, denunció que “Rusia ha convertido a Osetia del Sur en una base militar”.

La declaración, hecha en el marco de la celebración de la independencia del país, no acabó ahí. “La independencia no puede ser plena mientras nuestros conciudadanos continúen siendo rehenes del violento régimen de Rusia”, afirmó.

Entonces, mientras para los rusos se trata de dos estados, para Georgia es un territorio ocupado por Moscú, un relato hacia este país que no es nuevo.

Tiempo después, ya en 2014, el Kremlin se anexaría a Crimea, Ucrania, otra región que hizo parte de la Unión Soviética, y aún en la agenda internacional de los rusos está la situación de las Islas Kuriles, un archipiélago en el Mar de Ojotsk, océano Pacífico, que Japón considera como suyo y que Moscú habría ocupado en 1952, después de la Segunda Guerra Mundial.

Para el caso de Osetia del Sur y Abjasia, los pocos países que legitiman su independencia evidencian que se trata de un asunto no resuelto.

 

Latinos en el Cáucaso

El profesor Rouvinski cuenta que el régimen nicaragüense de Daniel Ortega fue el primero en reconocer su independencia porque “Rusia comenzó a negociar y aumentar su incidencia en América Latina. Dos semanas después, Ortega recibe 300 millones de dólares en inversiones, barcos militares y plantas de energía”.

Venezuela no se quedó atrás. Para esa época el gobierno de Hugo Chávez estrechaba lazos con Moscú, desligándose de la influencia de Estados Unidos. Entonces, recibió un crédito de armas luego de reconocerlos en 2009.

El internacionalista George Mchedlishvili, quien ha sido profesor de la Universidad Internacional del Mar Negro y la Universidad de Georgia, cuenta que su país ha buscado evitar nuevos avales a la independencia de Osetia del Sur estableciendo relaciones diplomáticas con otros gobiernos y sentencia que Moscú ve una amenaza en el desarrollo de exterritorios soviéticos como Georgia y Ucrania.

“Si resultan exitosos en una modernización política y económica, hay pluralismo y democracia, es peligroso para la estabilidad doméstica de Rusia. La gente comenzará a hacerse preguntas”, afirma.

En agosto de 2018, cuando se cumplió una década de la guerra, una publicación del periódico El País, de España, indicó que “Moscú reafirma su política de intentar determinar la orientación exterior de los países postsoviéticos”.

Los profesores Rouvinskiy Mchedlishvili coinciden en que Moscú le apuesta a aumentar su influencia en los territorios de su región, una estrategia clara que se evidencia en la situación de Georgia, Osetia del Sur y Abjasia, once años después de una guerra.

El Colombiano

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