La alternativa de la esperanza

Siempre será una posibilidad, una opción o al menos una esperanza, caminar de la mano del optimismo. Alternativa esta que no nos dejan en nuestra ciudad, municipios y departamento, debido, según algunas voces autorizadas y varias opiniones sobre este particular, a la forma como se manejan y han manejado los gobernantes de turno los intereses colectivos. Por ello la mayoría de las veces, la probabilidad de mirar el lado positivo de las circunstancias no es admitida como perspectiva.

Las escalas de aceptación del pensamiento de opinión sobre temas sociales están íntimamente vinculadas a la capacidad de criticar devastadoramente a los otros y al entorno, en la creencia que es el mejor camino para superar la maldad, el dolor y la injusticia que de ella se derivan, como algunos tratadistas lo sostiene desde la academia.

Se puede estar o no de acuerdo con lo expuesto. Lo cierto es que existe la obligación ineludible de denunciar los errores éticos y jurídicos en el manejo de la cosa pública, en la procura de una oportuna sanción judicial y el rechazo social a las personas inmersas en ello. De no darse tales punitivas consecuencias, se potencia el escándalo que no trasciende y se transforma en el penoso dejar hacer, dejar pasar que todo lo admite como si normal fuera y además muchas veces lo justifica.

La ineficacia de la crítica a la corrupción sin la certeza de los efectos jurídicos y sociales previstos en la ley se palpan cuando vemos políticos y gobernantes, dirigentes y ciudadanos mismos rasgándose las vestiduras y perorando contra inmoralidad, y casi que con inmediatez ser descubiertos como responsables de las uno y más desafueros que antes criticaron; y lo que es peor, en busca de impunidad, pese a las evidencias de corrupción en su contra todo lo niegan con desfachatez porque saben que no pasa nada, como muchas veces suele suceder.

La visión optimista no desconoce esta parte de la realidad, pero se cuida de plantear la posibilidad sana de analizarla también desde la esperanza del mejoramiento permanente y continuo. Esta inclinación hacia el optimismo, sin descuidar como la censura y la crítica bien intencionada encaminada a que se mejore, como control social que corresponde a ciudadanía y comunidad, debe arroparnos en el entendido que la educación moral es en esencia propositiva y optimista, pues parte de la fe en la bondad humana como factor de proyección y sostenibilidad.

[email protected] *Jurista

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