Fiscal humanista

El nombramiento del fiscal general de la Nación invita a debatir sobre el perfil que debe reunir este importante servidor público. Todos los miembros de la sociedad civil tenemos el derecho a ofrecer nuestros puntos de vista acerca de esto.

Participar en la deliberación acerca de las calidades que deben tener los servidores públicos es un derecho humano en una democracia, en especial, quien ostente un gran poder político que puede afectar la salud pública del país.

El proceso de selección y nombramiento del fiscal no puede circunscribirse a los puntos de vista del Presidente de la República, responsable de enviar la terna a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia quienes finalmente lo nombra. ¡No! La democracia nos pertenece a todos y tenemos el derecho humano de deliberar acerca de su perfil porque de esto depende la libertad.

No se trata de personalizar la política. Ni más faltaba. No obstante, no puede negarse que la personalidad del fiscal puede poner en peligro la libertad de las personas y los derechos humanos. Escoger a alguien autoritario y enemigo de la seguridad jurídica puede constituir peligro a la democracia y los derechos humanos. Por esta razón, nos asiste el derecho a opinar.

Una regla de oro de los Estados Constitucionales de Derecho y la democracia es que los poderes públicos deben estar separados y que entre estos no puede ni debe haber confabulación o coordinación, sino un sistema de frenos y de contrapesos, por tanto, la forma como se nombra el fiscal no es un buen ejemplo de esto, sino de confabulación.

*ExMinistro de Estado*Gobernador del Atlántico

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