En la balanza

Nuevamente el tema del glifosato se pone sobre la mesa. El gobierno anuncia la reanudación, o la posible reanudación, de las fumigaciones. Algunos, muchos, pero no la mayoría, se jalan los pelos. Gritan que están envenenado las cuencas y fuentes hídricas. Y que los animales, y los niños, y todos sufren.

Estoy absolutamente convencido que no es bueno echar veneno desde un avión. Ninguno. Estoy seguro que algún daño, por menor que sea, puede causar el uso de plaguicidas. De eso no me cabe duda.

Pero, nuevamente, el problema no es ese. Ojalá el problema fuera el cálculo del daño del glifosato; esa sería una conversación de país del primer mundo; pero por estos lados la conversación es – debe ser- si el daño causado por el glifosato es mayor que el daño causado por los cultivos de coca.

Es cierto que estamos escogiendo entre males, entre dos males, cosa que nunca debería suceder. Pero las cartas están así; no hay otras opciones. O se fumiga, o la coca con su fiel compañero el narcotráfico harán de las suyas con este país.

Por ejemplo, la demanda de “raspachines” de hoja de coca es tan alta, que es muy difícil, a veces imposible, conseguir mano de obra no calificada para trabajos en agricultura, como la recolección del café. Incluso, y aún más doloroso es lo que me cuentan que sucede en algunas regiones: no se consigue mujeres jóvenes que trabajen en cafeterías, o en hoteles y peluquerías. ¿La razón? Su anhelo, su sueño, es que venga el traquetico de pueblo y las mantenga.

Hace poco hablaba con un empresario de la hotelería, y me contaba que los capos de la droga, los traquetos de pueblo, esos que sabemos que andan con joyas y en camionetas haciendo gala de su hombría, piden que sus hombres hagan un casting de las mujeres (a veces las niñas) del pueblo, para luego “hacerlas suyas”. Desde luego, a cambio de eso las niñas no pueden trabajar: se deben quedar encerradas esperando que el patroncito pase cada 15 o 20 días y haga sus orgías. Desde luego, eso ha hecho que sea casi imposible conseguir mano de obra femenina, que tanto se requiere para ciertos oficios.

En fin, los ejemplos son miles y de forma unánime demuestran que la coca está expropiando todos los sectores de la economía. Y no solo de la economía. El narcotráfico ha expropiado casi todo lo bueno que sucede en Colombia.

Es hora, hay que decirlo, que el gobierno, que está ahí para defender la democracia, pero no para ejercerla.

Inicie las fumigaciones sin recato ni pena.

*Abogado

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