26 de julio: el grito

Si una imagen vale más que mil palabras, en esta época de las redes sociales un video vale más que mil estadísticas. La opinión pública que había permanecido pasiva e insensible frente a la matanza de los líderes sociales, defensores de derechos humanos y exguerrilleros desarmados, reaccionó con indignación frente al video del niño que grita desconsolado frente al cadáver de su madre recién asesinada.

Desde enero de 2016 se registran 872 asesinatos relacionados con el postconflicto: 702 líderes sociales y defensoras de Derechos humanos, 135 ex guerrilleros de las Farc y 35 de sus familiares, incluyendo un bebé de 6 meses. Pero son estadísticas frías, noticias rutinarias que no conmueven a un país narcotizado –en todos los sentidos de la palabra- frente a la sangre derramada.

El video del grito doloroso del niño le puso rostro a esta tragedia. Su madre era María del Pilar Hurtado, una líder social del Cauca, que había tenido que salir de su pueblo por amenazas tras denunciar las “casas de pique” de narcos y paramilitares. Fue a esconderse de la muerte en Tierralta, Córdoba, pero hasta allá la alcanzó, ahora por exigir tierra y vivienda para los desplazados.

El mundo entero reaccionó, con la excepción del silencio cómplice del señor Almagro que prefiere callar para asegurar su reelección a la secretaría de la OEA. La sociedad civil convocó una gran manifestación para el 26 de julio para exigir que paren la masacre. Este es el texto de la convocatoria en la que tenemos que participar para acompañar el grito de los huérfanos:

 “Un video que muestra el angustioso llanto de un pequeño niño ante el cadáver de su madre, María del Pilar Hurtado, ha suscitado una ola de dolor e indignación en el país. María del Pilar era lideresa social, víctima de desplazamiento forzado al tener que dejar su natal Puerto Tejada, Cauca, y revictimizada cuando reivindicaba el derecho a la vivienda en Tierralta, Córdoba. Su historia simboliza la de cientos de personas que, como ella, han sido asesinadas en los últimos años por defender los derechos de las comunidades rurales a la vida digna, a la preservación de sus territorios, a la protección de los ecosistemas y del agua, al cumplimiento del Acuerdo de Paz y a la restitución de tierras.

Este baño de sangre debe terminar. Es imperativo que se emprendan las acciones necesarias para acabar con estos asesinatos, garantizar la presencia integral de las instituciones del Estado en los territorios y poner en marcha la protección efectiva de la vida de estas personas.

Llamamos a nuestros compatriotas a que el 26 de julio salgamos a las calles y plazas, en Colombia y en el exterior, para rendir homenaje a los líderes y lideresas sociales y para exigir que se ponga punto final a estos crímenes. Invitamos a los medios de comunicación, a los partidos políticos, a las iglesias, a los gremios empresariales, a las universidades, a las organizaciones sociales, y a la ciudadanía en general a respaldar y promover esta iniciativa.

Las niñas y los niños de Colombia merecen que persistamos en nuestro esfuerzo de paz para lograr que ni uno más tenga que llorar su orfandad”.

*Economista

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