“El cáncer de la economía colombiana es la corrupción”: monseñor Óscar Urbina

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Reconciliación, justicia transicional, panorama electoral, plan de desarrollo, seguridad, defensa de la vida, familia, educación, ecología y libertad religiosa y economía son los temas que durante una semana se estarán tratando en la CVIII asamblea de obispos de la Conferencia Episcopal del país, desarrollada en Bogotá.

Desde este lunes 1 y hasta el 6 de julio, los congregados de la Iglesia Católica reflexionarán sobre “la economía al servicio de la dignidad y del bien común”, tema en el que monseñor Óscar Urbina Ortega, arzobispo de Villavicencio y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, resaltó que la corrupción es el “cáncer” de la economía colombiana.

“La corrupción impide mirar el futuro con esperanza, porque con su prepotencia y aridez destruye los proyectos de los débiles y oprime a los más pobres. Es un mal que se anida en gestos cotidianos para expandirse en escándalos públicos. Los derechos humanos no son simples concesiones sociales, sino, elementos nucleares de la propia dignidad humana, y el poder político y la sociedad están llamados a protegerlos”, resaltó Urbina.

El arzobispo de Villavicencio expuso que las cuestiones sociales y económicas deben ir encaminadas, en la reflexión y anuncio de la Iglesia, a despertar las conciencias de los responsables de ellas, para recuperar el sentido de humanidad y justicia.

Al referirse al tema del bien común, expresó que se requiere de una ética responsable para el manejo de la economía “que debe pasar por la responsabilidad en el consumo, en el cuidado de la casa común y en la protección de los más vulnerables”.

El prelado expresó que es evidente como la tenencia de tierras se concentra en manos de unos pocos, por lo que advirtió que las medidas que acompañen la reforma agraria no pueden quedarse solo en un reparto de tierras, sino que debe contribuir al desarrollo integral de los pueblos.

“El desarrollo humano y el bienestar social tienen necesidad del amor en la verdad, en una sociedad que pasa por momentos difíciles: la crisis financiera, sus consecuencias sociales, sicológicas, políticas y antropológicas; la globalización con la reducción del nivel de protección social, el eclecticismo cultural, la ambigüedad de la ciencia con aplicaciones cuestionables en el dominio de la vida y la falta de reflexión sobre el fin de la economía”, agregó la cabeza de la Conferencia Episcopal.

En el discurso de Urbina también hubo reflexión sobre la migración venezolana y su impacto para Colombia destacando que “entre los pobres tenemos una categoría que nuestra Iglesia ama especialmente. No solo los que nos llegan del exterior y de nuestro país hermano, sino, las migraciones internas del país. Somos el primer país con un número tan alto de migrantes. Crecen los retos para la comunidad política, la sociedad civil y la Iglesia”.

Finalmente, afirmó que ante la “compleja realidad” los obispos durante la asamblea se darán a la tarea de escuchar, discernir y trazar tareas de acción para la tarea evangelizadora de la Iglesia que acompaña a las comunidades.

“Sabemos que no hay fórmulas mágicas, pues la historia la construimos paso a paso, en el tiempo más que en el espacio, pero podemos ayudar a colocar la economía al servicio de todo nuestro pueblo y no de unos pocos, luchar contra la exclusión, la corrupción y la inequidad, en la que el dinero domina en menoscabo de las personas”, concluyó.

La asamblea del episcopado que congrega en esta ocasión a 85 prelados de las diferentes jurisdicciones del país, sesionarán en plenaria hasta el próximo 5 de julio. El sábado 6, los obispos peregrinarán hacia la Basílica de Chiquinquirá donde celebrarán el centenario de la coronación de Nuestra Señora del Rosario como reina y patrona de Colombia.

BOGOTÁ (Colprensa).

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