‘Hipnosis’, protagonista de alta costura

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Los diseños de  ‘Hipnosis’ combinan la tecnología con el arte, como las prendas que retoman la técnica japonesa de suminagashi, es decir, pintadas con pigmentos que flotan en el agua.

La diseñadora holandesa Iris Van Herpen siguió probando con los límites de la moda y se asoció en esta ocasión con el artista estadounidense Anthony Howe, creador de obras cinéticas.

La diseñadora de las formas arquitectónicas y la alta tecnología presentó su nueva colección de alta costura en París, ‘Hipnosis’, una serie de espléndidas esculturas oníricas o de vestidos imposibles que sin embargo se llevarían sin esfuerzo en cualquier alfombra roja.

Van Herpen trabaja con láser sobre todo la organza, que le permite crear piezas únicas a base de múltiples capas y plisados, de manera que sus modelos evocan a menudo misteriosas criaturas del fondo del mar.

Combina la tecnología con el arte, como las prendas que retoman la técnica japonesa de suminagashi, es decir, pintadas con pigmentos que flotan en el agua.

Pero hubo sobre todo dos looks que superaron las expectativas del público en el desfile, al que asistió Celine Dion.

El primero, un vestido ajustado de algodón blanco que se abre como dos gigantescas alas con efecto moiré, compuestas de miles de ondulaciones entrelazadas.

El segundo, llamado “Infinity dress” y que requirió cuatro meses de trabajo, parece estar vivo: se trata de un vestido corto blanco del que sale un armazón compuesto de cuatro ejes recubiertos de plumas que se mueven de forma cíclica alrededor del cuerpo, dando nacimiento a la mujer-pájaro.

La casa de moda holandesa ha puesto sobre la mesa un nuevo modo de hacer alta costura: con tecnología. La apuesta ha sido protagonizada por vestidos que cambian con el movimiento. Literalmente.

Una pieza lo explica todo. Es un vestido- sofisticado y femenino- en clave mini, de color blanco y de escote en forma de corazón. Está hecho a base de plumas, lo que otorga un elemento romántico a la pieza, y lleva un misterio en la parte frontal: una suerte de armadura que gira sobre su propio eje creando un efecto onírico.

La línea está inspirada en el trabajo de Anthony Howe, un escultor cinético estadounidense que crea piezas que se mueven gracias al viento.

“Su obra es realmente la que inspira la colección. Utiliza el viento como base de sus esculturas y hace creaciones cinéticas; de hecho la mayoría de sus esculturas están hechas para el exterior”, explicó la diseñadora Iris Van Herpen.

“Es una visualización hipnótica del tapiz de la naturaleza, los ciclos simbióticos de nuestra biosfera que entretejen el aire, la tierra y los océanos. También refleja la continua disección de los ritmos de la vida y resuena con la fragilidad dentro de estos mundos interconectados”, explicó.

El trabajo se ha llevado a cabo con distintas técnicas como el corte láser, la impresión 3D y la técnica japonesa del tintado suminagashi. El resultado ha sido simplemente magnífico: una serie de piezas que fluyen con estampados abstractos, colores rebuscados y telas tan delgadas que parecen casi inexistentes.

Pero eso sí: la diseñadora no ha perdido la visión en cuanto a la funcionalidad, sus diseños son tan intangibles como  sofisticados y femeninos. La mezcla perfecta.

De otro lado, la firma Dior en su desfile de alta costura en París, rescató una figura arquitectónica de la Antigua Grecia, para rendir homenaje a las mujeres que llevan el peso del mundo.

La directora artística María Grazia Chiuri parece aportarle la siguiente respuesta: lo clásico se reinventa y su desfile “en negro” en la sede histórica de Dior, en el número 30 de la elegante avenida Montaigne, dio fe de ello.

La diseñadora recuperó el peplo, una túnica femenina de la Antigua Grecia, para convertirlo en vestidos de noche brillantes, asimétricos o combinados con camisetas de rejilla.

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