Cómplices, encubridores y verdugos

“¿Quién peca más: el que peca por la paga o el que paga por pecar?”. Los dos son culpables, por igual.  Esta conclusión es de Sor Juana Inés de la Cruz, verso del cual una idea hay que acumular para llegar a conclusiones serias: “Bien con muchas armas fundo-.que lidia vuestra arrogancia,-.pues en promesa e instancia.-juntáis diablo, carne y mundo”.

El asunto despierto a raíz de la sentencia que se ha dictado responsabilizando a Colombia del incremento en el consumo de cocaína, desenlace que se apoya en el incremento del cultivo de la planta. Según lo informa la oficina de la ONU contra la droga y el delito.

No hay duda alguna acerca de que la cocaína es un fuerte estimulante, utilizado sobre todo como sustancia recreativa y sus antecedentes más conocidos datan de la época en que el maestro Freud lo recetó para atender crisis depresivas.

El historial de su tráfico, en este país, data del año 70, cuando como inspector penal de policía conocía yo de una incautación realizada en el Hotel Tequendama, por parte de agentes del DAS, conducta en esa época tipificada como estado antisocial,  Decreto 1699-1964, Artículo 24. “El que de modo clandestino y fraudulento, elabore, distribuya venda, suministre aun cuando sea gratuitamente, use o tenga en su poder cualquier sustancia, o estupefaciente incurrirá en relegación a la colonia agrícola de uno (1) a cuatro (4) años”.

Me correspondía,  como única autoridad del D.E., conocer de esos delitos y en el caso del cubano Domínguez, después de haberme negado a otorgarle la excarcelación, de un momento a otro, en 1970, finalizando Carlos Lleras su gobierno, expidió el decreto 1118, tipificando la conducta como simple contravención, de conocimiento de los jueces municipales,  Decreto 1345 . El asunto salió de mi despacho, el juez municipal negó la excarcelación y el del circuito, extraordinariamente, la otorgo y de ahí en adelante este país se volvió el centro del tráfico.

 Este recuerdo se hace para concluir que el promotor del desorden es, principalmente, el consumidor y que, conforme las estadísticas mundiales, es el pueblo de los Estados Unidos y su causa, básicamente, es el trastorno síquico que padece esa gente, principalmente por la influencia de la economía consumista y el desorden de la educación cuyo único fin último es prodigar el placer.  Una tragedia corriente en la evolución de los imperios. Si Colombia cultiva el producto lo hace para un mundo consumidor, cómplice, encubridor y verdugo de los pueblos que victimas de sus necesidades no tienen otra alternativa que especular en el mercado con el producto, para su subsistencia: el dinero. Economía paralela en el imperio.

Si en vez de invertir en dotación de ejércitos y policías se impulsara educación social, colectiva y humanitaria, promoviendo la solidaridad y la asistencia pública, se resolvería el maleficio con la fuerza de la razón y no con la razón de la fuerza.

*Abogado

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